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jueves, 22 de octubre de 2020

TONTAINA

 




Cuando me presentaron a Nicolás no le presté mucha atención , cada día conocía a bastantes personajes por ser ese mi oficio, ya que soy responsable de recursos humanos de una empresa de amplia implantación nacional. Por contra se me quedó su rostro y su nombre grabado en mis entendederas , lo había entrevistado para un empleo en empresa del sector audiovisual. Leí en primer lugar su hoja de méritos y su exposición de habilidades , parecía un tipo interesante y con bastante conocimientos, pero al principio siempre parecen interesantes y después sus conocimientos se quedan cortos y sin interés para la empresa. Fumé un cigarrillo mientras ojeaba los certificados del curriculum, aquella mañana ya había conocido tres aspirantes y todos gozaban de un gran desinterés, así que imagina el poco interés que me causaron a mí. Apagué el cigarrillo y me dispuse a entrevistar a Nicolás, toqué el timbre de aviso y el número que le correspondía en el orden de la entrevista. Entró con una gran dosis de prudencia, miró en derredor hasta que fijó en mí su mirada y saludó con cortesía, dio unos pasos al frente y aceptó colocarse en el asiento frente al mío. La solicitud de trabajo era para una ingeniería de comunicaciones y según sus datos la experiencia era nula, ya que su grado era de informática y ningún trabajo previo. Me llamó la atención un certificado médico donde se hablaba de cierta inestabilidad emocional y física, y no dejaba de ser extraño que lo adjuntara con el resto de certificaciones laudatoria del currículum, pero que cosas extrañas este tipo de comportamiento las veía a diario y en todos los formatos. Mientras pensaba en estas hechos y me hacía el distraído no dejaba de hacer observaciones de su comportamiento y a fe mía que en este personaje los tenía. Venía acompañado por un técnico de la oficina de empleo, que me lo presentó y salió de mi despacho cagando melodías, como era habitual . Mi primer gesto fue mirarlo con intensidad y a los pocos minutos hizo el primer pestañeo, algo que me sorprendió ya que no es habitual la ausencia de semejante movimiento. Luego pude observar un discreto temblor en la mano derecha y en concreto los dedos que forman la pinza. Nicolás intentaba sujetarlos con un gesto repetitivo pero solo se paraba si movía el brazo derecho en su totalidad. Decidí presionarlo y le dirigí la mirada de mis ojos a su mano derecha, pero en verdad no obtuve respuesta , el continuaba intentando mover el brazo derecho en un gesto repetitivo que calcaba la mayor de las veces, única forma de controlar ese temblor, y que cuando lo dejaba en reposo oscilaba como en un gesto de contar billetes entre los dedos índice y pulgar. Usé bastantes minutos en intentar presionar la observación de los gestos de la mano, pero fue inútil, el parecía concentrado en su tema, así que decidí pasar a la entrevista. Cuando hablé sentí un repullo por la sorpresa de escuchar mi propia voz , por contra el continuó con su juego de los dedos y era ahora cuando parecía observarme con curiosidad, me moví con cierta incomodidad y comencé mi turno de palabra. Eran preguntas básicas sobre temas profesionales, tan básicas que me trastabillé en varias de ellas, y en una de las últimas con la presencia del jefe de recursos humanos, que con sigilo se había colocado a mis espaldas con lo brazos cruzados y escuchando mi perorata . Llegué al punto que tenía que subir en nivel de mis preguntas y le pedí que respondiera con rapidez ya que era un test de inteligencia y no quería que se contaminara. Cambió el gesto de las manos, sujetando la pinza de la mano en el borde de la mesa, lo cual ocultaba sus movimientos y frenaba los temblores. Con esta modificación parecía más seguro y contestaba con mayor estabilidad, pero fue en estos momentos cuando fuera de contexto le advertí que me respondiera con mayor prontitud, porque estaba en juego su futuro profesional y los intereses de la empresa. Me miró con severidad y modificando el tono de su voz me advirtió que hacía lo que mejor podía , y que venía para hacer una entrevista de trabajo y no para recibir una reprimenda. Me levanté con violencia y le grité que era un estúpido y que por ese camino jamas encontraría trabajo, fue en ese momento cuando me giré y me apercibí de la presencia de mi jefe directo, que con el dedo indice me indicaba en dirección a la puerta. Luego estrechó la mano de Nicolás y le pidió disculpas por el trato recibido, fue entonces cuando escuché eso de “este tío es un tontaina” señor aspirante laboral. Con la carta de despido me adjuntaba unas notas de advertencia del trato a personas discapacitadas, como era el caso de Nicolás con un padecimiento Neurodegenerativo.


INDALESIO


jueves, 18 de septiembre de 2014

CON SIGILO

                                         


Era comienzo de los años setenta, un momento convulso en el mundo en que se vivía y en especial en la vida de Decudermo. Recién terminados los estudios universitarios, comprometido políticamente, y con una enorme suficiencia producto de sus pocos años y su mucha e intensa independencia,  por ausencia física de sus padres, creía que el mundo estaba dividido en dos, los buenos que apoyaban sus ideas y los malos que lo formaban todos los demás. Su intransigencia le hacia caminar con la vista por encima de los demás, y divisando la persona que en el horizonte podía acceder a su compañía y amistad.
Cierto día acompañado de su inseparable cartera en bandolera, con muda y papeles comprometedores, bajó la vista unos segundos para evitar un bordillo, y se encontró con un antiguo compañero de colegio. Inmediatamente Decudermo giro la cabeza para evitar su encuentro, pero ya era tarde, El López le cortaba el paso. Además su radio de acción era amplio por el uso de una muleta, lo cual le permitió alargar el brazo cerrando una posible escapada. Le miró y sintió un escalofrío, su cara surcada por una cicatriz que partía su nariz y el color terroso de su faz le hacía sentir una cierta clase de repulsión. Para abundar más en su físico, despedía un olor tenue, pero identificable como una mezcla de suciedad, sudor y algo parecido al azufre, todo ello aderezado  con algo dulzón que podría parecer perfume pasado de fecha.
Sabía que aquel siniestro compañero había tenido una vida complicada, muy diferente a la de él, y  se decía en su ambiente, que se debía de evitar porque colaboraba con la policía mediante la delación. Había sufrido un accidente y había perdido la articulación de la rodilla y en el único trabajo que se le conocía le habían arrojado desde un andamio sufriendo múltiples lesiones.
Le saludó con cierto distanciamiento y le negó la mano, El López la retiró con rapidez y disimulo, entonces entabló un soliloquio donde le explicó que el no era un chivato, que no consumía drogas en la actualidad y que solo quería unas monedas para poder comer. Que siendo un currinche le habían negado trabajo en todos periódicos y que no había sido tan malo como otros decían, aunque en verdad tampoco podía negar que era un cabeza loca, que había dado muchos disgustos a sus padres y algunos amigos, y en especial no había sabido dar una vida adecuada a su hija.
Cuando termino su perorata, Decudermo estaba sorprendido y confuso, aceptó que aquel hombre era un embustero compulsivo, pero que él no era nadie para juzgarlo ni reprocharle nada, cada cual puede hacer con su vida lo que quiera, y que bastante tenía con la marginación que sufría. De todas formas se permitió dar un consejo, si te lavas quizás algunos no te evitaran.
El López aún con este gesto de humillación, continuó justificándose, olía mal porque tenía una insuficiencia renal y su piel esta impregnada de restos orgánicos que sus riñones depuraban mal. Ahora fue Decúdermo quién se justifico, pero continuó con palabras más propia de reproches, que de alivio de una situación incomoda. Cuando habían pasado varios minutos, intentó salir del asalto, pero El López mucho más hábil y acostumbrado a estos escarceos, interpuso su cuerpo y alargó la muleta. Entonces le pidió  sin tapujos algunas monedas para comer.
Decudermo haciendo gala de su suficiencia y aderezado con soberbia, le propuso un trato, quinientas pesetas si le encontraba una revista publicada en 1930 que defendía las posiciones de su abuelo republicano federalista. El López sonrió con mucho sigilo y sin manifestar sentimiento alguno, inmediatamente alargó la mano para recibir las quinientas pesetas. Una vez consolidado el acuerdo se separaron.
El próximo encuentro ocurrió tres meses después, ambos no se evitaron y con manifestaciones de alegría, Decudermo golpeó suavemente el hombro del López y este volvió a quedarse con la mano suspendida en el aire. Se preguntaron por sus respectivos intereses, y El López no recordaba nada del encargo. Decudermo decidió no juzgarlo y le volvió a dar algunas monedas, incluso de algún mayor valor. Así se estableció con una cierta asiduidad los encuentros, Decudermo sabía que todo el mundo le rehuía y que vivía de la caridad de unos pocos, así que decidió formar parte de la nomina de los sufridores del López.   
Cierta tarde Decudermo esperaba un cita con un enviado de un partido político de la clandestinidad, la cita estaba concertada en el café Madrid a las seis de la tarde. Por motivos de seguridad se esperaba con disimulo en un lugar distante desde donde podía avizorar la llegada del enviado, también era costumbre tener paciencia porque existía unas demoras por motivo de la seguridad, curiosamente solo del que llegaba. Estando ya próxima la hora máxima de espera, límite permitido, Decudermo escuchó el golpeteo de la muleta que reconoció como del López, algo confundido se volvió para dar la espalda. Pero El López se le acercó y le tendió la mano en señal de pedir, mientras le dijo con mucho sigilo y precaución que la policía estaba al acecho y conocían todos los movimientos. Inmediatamente desapareció camino del Café Madrid, Decudermo con el corazón latiendo a mil por momentos, se fue desapareciendo entre los lugares más concurridos, hasta que se sintió más seguro. Supo que también había avisado al enviado del partido clandestino, y que sus ingresos más importantes los conseguía del conocimiento  exhaustivo de la ciudad y de todos sus habitantes, posiblemente trabajaba para ambos intereses.
Desde entonces cada mes aparecía y asaltaba a Decudermo con mucho sigilo. Le entregaba un papel lleno de letras al estilo Romance, que guardaba con delicadeza, y a cambio de una monedas le acompañaba en el trayecto hasta el tranvía, contando batallitas de su perra vida y su mala cabeza. 

INDALESIO  Julio 2014

    

viernes, 15 de agosto de 2014

PERDÓN HUMANO













Salvadora Carvajal fue la primera que extrañó la pareja que llegaba al hotel Metropolitano. Como todas las mañanas limpiaba la galería para que se instalaran las señoritas a tocar el piano. Después ocurrió la visita del recién llegado que cruzó la calle para saludar a las niñas, la amistad con los dueños y las desgracias. Asistió a los moribundos sumida en el silencio que le imponía la entrega espiritual que había decidido en el instante en que lo vio bajar del auto con impecable terno oscuro, camisa blanca y pechera almidonada sobre la que se recortabacorbata negra prendida con alfiler de oro. Pero el hechodecisivo quizás fué la mirada a través de los anteojos en la que reconoció la superioridad intelectual del hombre de letras junto a la fragilidad de un ser desamparado.
Le ayudó a preparar las medicinas sin hacer preguntas, sabiendo que no todo lo que contenían algunas cápsulas era quinina para la malaria. Cuando lo detuvieron y lo llevaron a la cárcel cedió a los requerimientos antiguos del capitán Ortiz y se dejó querer para estar cerca del preso, al que le llevaba todos los días la comida que le preparaban las damas de la ciudad, le aseaba la celda, le planchaba el traje, le apuntalaba los botones, le lustraba los botines y le informaba de lo que le sacaba a su amante.
Supo que iba a escapar y también supo que le aplicarían la ley de fugas, pero cuando fue a decirle que no huyera, ya había sucedido todo. Corrió por la calle Real y antes de llegar a Subtiaba sintió como si le entraran por el cuerpo los dos tiros con los que el capitán Ortiz acabó con la vida de Castañeda. Cuando Salvadora Carvajal se acercó, dos esbirros le enseñaron el cadáver limpio, porque en el último momento, el asesino se intimidó con la petición de la víctima que le gritó: ¡a la cara no! Corría el año 1933 y solo hace uno que faltan por Navidad floresen la tumba sin nombre del cementerio de Guadalupe.
CIRANO 

sábado, 9 de octubre de 2010

MICRORELATOS IX


Cuando Benito terminó de colocar la última letra y escribió la fecha de terminación, sintió una inmensa satisfacción. Había tardado diez y ocho meses de intenso trabajo, cuatro horas diarias, a razón de dos páginas diarias. Pensó con una gran alegría que ya se podía considerar escritor y calculó el número aproximado de ejemplares que imprimiría, tres mil en la primera edición.
Maqueto con el rudimentario Word, mientras pensaba en el número de páginas que saldrían en el la edición definitiva, no sería un libro muy voluminoso doscientas ochenta páginas, pero lo importante de una gran calidad.
Había decidido plantear desde un principio un índice de correlato, y lo había colocado en un folio grande delante de la mesa de trabajo. Cada capítulo constaría de cuarenta páginas y cuadro los tiempos de la historia para hacerlos coincidir con los números de páginas. Después dosificó los tiempos e indicó junto al índice los nombres de los personajes, los tiempos gramaticales, y el ritmo de la acción. Cada página mantendría la intensidad de la narración sin salir ni por exceso de lo planificado.
De las cuatro horas de trabajo diario, una sería para corrección y limpieza de las asperezas gramaticales y de la acción, había salido escaldado de un intento previo con un relato, que lo dejó para el final y no supo reordenarlo. Cada capítulo le dedicaría un día solo para lectura y comprobación del ritmo, algo que siempre le preocupó cuando escribía a tirones en días sueltos, ya que notaba mucho los cambios de humor de cada día, así como la lucidez y facilidad de narración de cada jornada. Las reiteraciones las anotaba en escolios para después, en el día asignado, buscar un sinónimo en el diccionario inverso de la lengua española.
Bueno, ahora envió las doscientos ochenta páginas a la impresora, y se puso a ver como salían manchadas cada uno de los folios con las letras que formaban la lectura de su preciosa y delicada historia. Comprobó que estuvieran numeradas y sus márgenes con las sangrías y saltos, después perforo los folios de diez en diez y los unió cosiéndolos con unas cuerdas enceradas especiales para cosidos de papeles.
Se sentó en su butaca de cuadros y comenzó a leer página a página, no sin antes colocarse sus antiparras favoritas, tenía suficiente tiempo como para en dos sentadas y conociendo tan bien su historia, leer y disfrutar de una de las mejores novelas que se podrían haber escrito en los últimos cien años.
Pensó que no debía ser tan vanidoso, y sonriendo se acordó de algún critico e incluso algún amigo que le encontraría faltas a su muy elaborada novela. Después se sumergió en la lectura.
El día siguiente fue el más amargo de su vida, aquella historia no tenía ninguna frescura, ni personalidad, ni interés, ni elaboración peculiar, ni estructura de interés, ni …… La guardó en el segundo cajón de su mesa de trabajo y decidió no volver a escribir de esa forma. La escritura es un arte y no se puede encorsetar, ni se debe.
4 de julio de 2007 Málaga  INDALESIO

sábado, 2 de octubre de 2010

MICRORELATOS VIII


Escribidor por afición, Don Eufrasio sentía que el tiempo pasaba y continuaba sin producir letras algunas. Después de volver del trabajo y en la esquina del estrecho tabuco donde habitaba, calentaba un mísero café de achicoria y cogiendo papel y lápiz escribía. De un tirón llenaba de letras una página completa y allí acababa, con un solitario y débil punto y final.
Eso era lo más que conseguía escribir, y no logró contar una historia completa hasta que entendió que las historias solo se ponen en marcha, y el resto es responsabilidad del lector. Cuando entendió la inmensa profundidad de sus conclusiones notó un gran alivio porque sentía que le liberaban de la suma responsabilidad de escribir historias.
Al final de escribir miles de paginas y pensando que pondría a cavilar a miles de futuros lectores, cogió el enorme mazo de papeles cosidos con cuerda resistente y lo metió en una maleta de cartón endurecido. Subió al colectivo con gran esfuerzo y se dirigió a la editorial de mayor renombre y donde conocía a uno de los correctores.
En la puerta del edificio editorial le preguntaron por sus intenciones, y señalando la maleta le indicó al portero que traía un importante tesoro.
Nunca le permitieron subir, ni incluso pasar de la puerta del edificio. Su amigo el corrector, disimuló con la amistad que les unía y solo le permitió el favor de aceptar una de las historias para leerla no sin antes prometerle que la pasaría al responsable de las publicaciones. Pero que era muy importante que no se hiciera significar, porque la política editorial de la empresa iba muy unida a la discreción y a la ausencia de estridencia de los escritores, que incluso firmaban un manifiesto de comportamiento correcto y de escrituras adecuadas, dejando al responsable la interpretación de adecuada.
Algo confuso y no permitiéndole dejar la maleta de cartón con sus escritos, volvió a subir al colectivo arrastrando su pesada carga, además de subir los sesenta escalones de su empinada escalera que conducía a su tabuco mísero. No obtuvo respuesta nunca de la editorial, ni jamás le propusieron participar en premios literarios, de tan frecuentes promoción para las empresas de ediciones literarias. Incluso cuando se produjo esa crisis de valores imaginativos y se publicaba todo, hasta las etiquetas de productos de farmacia, nadie se acordó de Eufrasio que continuaba escribiendo historias que planteaban un desarrollo pero que dejaban a criterio de lector el desenlace de las laicas historias.
MIAMI    1 de julio de 2007

sábado, 25 de septiembre de 2010

MICRORELATOS VII


Hace dos meses recibí un correo electrónico de una sociedad filantrópica americana que me invitaba a dar unas conferencias en el estado de Florida. Mis conocimientos del idioma son reducidos e ignoraba en que términos estaban escritos los deseos de esta sociedad. Mi eterna profesora de inglés me lo tradujo e incluso lo escribió para que tuviera la oportunidad de releerlo. Al fin entendí que querían que diera una conferencia para un público de origen cubano que deseaban conocer toda la literatura contra revolucionaria que se generaba en el mundo, y en especial la que se escribía contra Castro.
No salía de mi asombro, porque desconozco ese tema y para nada he manifestado ninguna opinión sobre este tipo de literatura. Aunque picado por la curiosidad me decidí a escribir un mail a la sociedad, realizando algunas preguntas e indagando sobre el origen de semejante dislate. Dos días más tarde recibí contestación, una señora que se identificaba como Paulina Espercobich me pedía disculpas por el efecto que me había hecho la solicitud de la Sociedad, pero que habían recibido información de que yo había realizado un extenso trabajo sobre los disidentes cubanos y en especial de los que vivían de la pluma. Manifestaba continuar interesada en contar con mis conocimientos y deseaba que me trasladara a Miami durante el mes de Junio para participar en el foro que anualmente se celebraba con la aquiescencia de la Fundación para el Desarrollo de la lucha contra el Castrismo. Me adjuntaba un contrato de diez puntos donde debía aceptar las condiciones estipuladas por la sociedad y que consistía en especial que se convertían en propietarios de los trabajos que yo presentara y de la publicación de ellos.
Entre asombrado y estupefacto me detuve durante unas horas para pensar cual sería mi actitud y respuesta, mientras escancié un vaso de licor con hielo. Al fin decidí responder mediante otro correo, de forma que negándome no fuera de una manera muy violenta o desagradable. Lo escribí de forma ordenada y estructurada para que no diera lugar a falsas interpretaciones, y sin esperara respuesta rompiendo cualquier tipo de nueva relación.
En primer lugar les manifestaba que de lo que yo creía entender era de escritores con pluma, a saber homosexuales y no necesariamente cubanos sino de todo tipo de país y civilización. Dos, que mi interés se centraba no en la disidencia política, sino en la influencia que tenía sus gustos condicionados en el tipo de literatura que realizan. Y tres, que siendo yo de tendencia más próxima a la demócrata podría provocar o generar opiniones que perjudicarían la buena reputación de su sociedad.
Nunca obtuve respuesta.



domingo, 19 de septiembre de 2010

MICRORELATO VI


Quizás no estuviera justificado pero sentí un gran enfado con mi amigo Manolo, y le retiré mi amistad e incluso el saludo. Éramos inseparable desde hacia muchos años, habíamos vivido momentos políticos difíciles y situaciones personales delicadas, y siempre habíamos acudido a buscar consuelo, del amigo entrañable. Es esa situación que algunos llaman química y que todos los demás denominamos empatía, pero lo que realmente era cierto es que nunca habíamos fallado el uno al otro, y quizás porque ambos teníamos una formación similar y unos intereses sociales y filosóficos parecidos.
Habitualmente nos citábamos los fines de semana y paseábamos mientras contábamos inquietudes, proyectos y empresas utópicas, que nos servían para referenciar la potente imaginación que poseíamos y la enorme frustración que arrastrábamos por no poder realizar ninguna.
No fue óbice para que en cierto momento yo escribiera unas páginas, sobre un hecho que habíamos vivido ambos. Con algo de ilusión aquel sábado se lo di para que lo leyera y me diera su opinión con vista a enviarlo al diario El País, periódico conocido por sus ideas del beneficio propio. Manolo lo enrollo en su mano derecha y no dijo nada, continuó contándome un asunto que le preocupaba. Pero yo estaba deseoso de que me pidiera sentarnos para leerlo y con sus bendiciones enviarlo por correo electrónico ese mismo fin de semana, único momento libre para veleidades de ese tipo.
Pero pasaban los minutos y nada, yo miraba con disimulo su sudorosa mano y las hojas arrugadas y húmedas. Al fin nos acercábamos a la cafetería El Rodeo y divisamos al conocido periodista Rafael Buendía y a un compañero de ambos afamado pianista y hombre amante de la divergencia oral e incluso escrita. Era inevitable el sentarse y cambiar impresiones, por supuesto de política, y denostar sin faltar al gobierno de la nación.
Nada más sentarnos, Manolo desplegó las cuartillas y pidiendo autorización y ante mi horrorizada cara, comenzó a leer con una entonación que rallaba en la sorna. Yo intenté en vano que callara y dejara de hacer pública unas notas personales, de las que solo me interesaba su opinión, pero él lo excuso para que todos pudieran conocer mi ambiciosa pluma. Al terminar y sabiendo que aquellos bifrontes eran unos reaccionarios, me levanté ofendido y le retiré las hojas de sus manos. Antes de irme pude escuchar algún comentario que como ya supuse eran de neto color ambiguo conservador, pragmático y reaccionario. Perdí un amigo y una persona que pudiera compartir conmigo las inquietudes y deseos de los amantes de la razón pura y crítica.

INDALESIO

11de junio de 2007

miércoles, 8 de septiembre de 2010

MICRORELATOS V


La señora Kunstner sabía que era una mujer guapa y deseada por los hombres que la conocían. Pero los hombres que la conocían eran los amigos de su esposo, el importante financiero señor Kunstner.
Este señor tenía muy abandonada a su esposa, en especial porque se había cansado de ella y ahora sentía poca excitación cuando compartían lecho. Además mantenía una relación consentida con su secretaria que le daba grandes satisfacciones y muy pocos problemas. Una vez en semana, el señor Kunstner acudía al domicilio de su secretaria y amante, y saciaba sus apetitos carnales y lujuriosos, porque ambos sentían gran atracción por el sexo y algunas de sus perversiones y sin reproches se despedían en paz y armonía hasta la siguiente semana.
Ana, que así se llamaba la señora Kunstner, decidió que haría la vista gorda con las veleidades de su rico esposo, y olvidaría las obligaciones que tenía como marido y cabeza de familia. Pero ella se iba a tomar buena cuenta de satisfacer sus sentimientos con quién quisiera y cuando quisiera.
No fue fácil porque muchos de los hombres que le gustaban, sabiendo que era mujer casada huían de su entorno y de frecuentar su compañía. Solo consiguió mantener una casta relación con un compañero de academia de pintura, que siendo soltero y de otra ciudad le invitaba a café una vez terminada las clases de pintura.
Cierto día volviendo de la academia, se encontró con un socio de su marido que siempre le había parecido formal y discreto. Charlaron durante un buen rato y aceptó una invitación para almorzar ese mismo día. Cuando terminaron y pasaron al salón del restaurante para tomar un licor, Ana se desabrochó el último botón del vestido y al cruzar las piernas se podía apreciar unas preciosas piernas torneadas, jóvenes y sugerentes. El socio se sentía abrumado y los ojos pasaban de la cara de Ana a las piernas que asomaban por el abierto traje. Entonces comenzó a hacerles requiebros y palabras seductoras, que Ana aceptaba con una cándida sonrisa. Pero el joven no terminaba de dar el paso y solo se ofreció a acompañarla a su casa. Ana le dio facilidades pero cada vez notaba al joven más aturrullado y confuso y decidió acabar la escena con un agradeciendo amable y con un hasta otro día.
Cuando llegó a su casa, fue al baño y se encontró con su ropa interior mojada, fue entonces cuando se acordó de su amiga de juventud y de los juegos amatorios que realizaron durante años. Se cambió y llamó por teléfono a su amiga. Aquella misma tarde quedaron para recordar viejos tiempos y lo mucho que se divertían.


10 de junio de 2007

lunes, 5 de julio de 2010

MICRORELATOS II

Al fin unas elecciones, alegría y esperanza. Eso es lo que sentimos todos, una enorme e intensa ganas de reír y gritar que al fin nos visita el político y los representantes de los municipios a elegir. Después de varias semanas esa alegría se transforma en abulia y tristeza, ya no vienen, ya no prometen y ya han dejado de aparecer sus caras macilentas y vulgares en las paredes de los barrios marginales. Y en las farolas de los barrios y municipios prósperos y adinerados, que les molesta que le manchen las paredes con pinturas y carteles. Whintan miraba asustado aquellos carteles con la cara de un hombre de tez blanca y sonrisa falsa, algo que podía averiguar con facilidad cualquier miembro de su etnia, que clasificaban a los humanos según el color de su piel o más bien de la intensidad de su color de piel. Los muy negros eran los de evolución más reciente, eran de clase inferior y debían servir a los de tono de piel más clara, que poseían los bienes materiales y el ganado más rico. Los que sonreían eran los de rango inferior, y era la expresión de sufrimiento y tristeza, porque cualquiera que se sintiera ser feliz lloraría para manifestar su situación y rango social. Bueno eso es lo normal y usual, pero esta gente blanca son realmente feos y raros, los anuncios de personas muestran el descaro de la piel extremadamente blanca, llevan antiparras e incluso esbozan una sonrisa degradante y descarada que dice bien poco de los que se anuncian, y menos de los que compran el producto que se anuncia. Yo Whintan hijo de Maducan, mujer mandinga y que vivió treinta y cinco años, muriendo en su mayor estado de belleza y salud, mantengo que deseo salir de este mundo extraño, safio y sin sentido donde viven los hombres que sonríen y que a mayor abundancia de felonía son descaradamente blancos. Necesito emigrar a zonas del mundo donde existan mejores pastos para mi ganado y un clima más benigno para conmigo y mi futura prole de hijos y mujeres. Y en especial deseo emigrar sin la necesidad de tener que usar la fuerza, ya que las armas que poseo solo me sirven para defenderme de mi vecino, del cual ya no necesito defenderme porque somos amigos después de tantos años de vivir juntos; y cazar cuando necesite defender a mi ganado. Esta petición es la primera manifestación que expreso en la escritura que me han enseñado los seres blancos y que me resulta divertida aunque ignoro que utilidad tiene, pero confío que sea útil para manifestar mis intereses y los de mi pueblo, y así justificar ante mis seres queridos esta ausencia de varios años sin que los sienta junto a mi. Si como dicen estos caracteres siempre obtienen respuesta, confío en recibir del amo de esta parte del mundo permiso para trasladar a mi pueblo y familia en la peregrinación, que según nuestros ancestros siempre se realizaba en cada cientos de lustros. EN LA CIUDAD DE CACERES, WHINTAN, hijo de MADUCAN. 2 de junio de 2007

INDALESIO