sábado, 1 de abril de 2017

LOS AMANTES




Desde muy joven le había llamado la atención, quizás porque era alta y simpática, pero sé y pude comprobar que nunca llegaron a mantener una amistad consensuada y algo más sería. Ocasionalmente se veían o se hacían acompañar para alguna fiesta o sarao. La vida les llevó por caminos distintos y cada cual tomó los derroteros que deseaba o que se les presentaba. Ella fruto de un amor de verano emigró a las América embarazada, él fruto de su compromiso político emigró a Europa perseguido por la policía franquísta.
En los cuarenta años en que estuvieron distantes completaron su formación como profesionales, ella de abogada de causas perdidas y el como sanador quirúrgico de tripas y demás conductos abdominales.
Un prestigioso despacho de abogados asociados encumbró el prestigio de nuestra amiga llegando a dirigir el asesoramiento de muchos desgraciados países del cono latino americano, donde ganaron con sudor ajeno muchos miles de dolares. Él, cirujano general se alistó allí donde se planteaba algún conflicto contra el capitalismo y sus desgraciadas secuelas, no consiguió patrimonio alguno, pero rebusco en múltiples de barrigas de todas nacionalidades.
Cada uno y por motivos distintos, se encontraron cuarenta años después . Él con las secuelas de un Paludismo que le dejó graves lesiones abdominales que les recomendaban reposo y alimentación cuidada, y ella con una artropatía en ambas manos que le impedía su uso hasta para la más fácil de sus funciones.
Su primigenio encuentro fue en la entrada del edificio de Hacienda, donde ambos arreglaban documentación, ella para normalizar y condonar parte de su extenso patrimonio y él para solicitar una ayuda que le permitiera comer todos los días y tener una vivienda aseada. Se cruzaron las miradas y ambos se reconocieron aunque no dieron señales de aceptación, pero ella se giró y se le acercó. - ¿Tú eres Indalesio?
Ambos se reconocieron y mantuvieron una animada charla recordando viejos tiempos. Alabaron el buen estado de salud, a pesar de los deterioros del paso del tiempo. Decidieron volverse a ver con un buen y animoso optimismo, pero no intercambiaron teléfonos ni direcciones. Se besaron como despedida y acabó el encuentro.
Indalesio se lamentaba de la torpeza de no saber la dirección y ella de no recordar algún dato sobre donde habitaba. Hasta que Isabel contrató los servicios de una agencia de detectives, que le facilitó la dirección exacta de su habitáculo, y allí se presentó .
Se quedó sorprendida de las condiciones en que vivía Indalesio, era un cuarto pequeño de una casa, mucho desorden y bastante suciedad. El fue el más sorprendido pero no se avergonzó, con mucho desparpajo ordenó los trastos y ropa tirada, luego se cambio de ropa delante de la mujer y se mojó los pelos con las mismas manos. Ella mientras le daba conversación contando sus peripecias de su vida, y en resumen una hija que vivía en Suiza y un marido perdido en la city de New York. Indalesio le contó que seguía soltero y muchos tumbos por todo el mundo y las malditas fiebres palúdicas que combatía con cloroquina ya resistente. Después de esperar unos minutos para serenar los temblores con las pastillas, salieron de la casa y en la puerta se cogieron de la mano. Se miraron y rompieron a reír .

INDALESIO Septiembre 2016



lunes, 13 de marzo de 2017

DISFORIA




Se encontraba dando una conferencia a un público entregado que llenaba la sala, los pasillos de acceso e incluso desbordaba por la galería. Cuando más interesante era su disertación, cuando el silencio era una dimensión más del espacio-tiempo relativista, sonó el móvil que llevaba apagado en el bolsillo. Como un autómata lo acercó al oído, escuchó estupefacto lo que decía y salió corriendo entre la multitud hasta perderse por el bullicio de la calle. Desde entonces no se le ha vuelto a ver.

CIRANO

sábado, 25 de febrero de 2017

FUTUROS FANTÁSTICOS

                                              



Dedico algunas horas de cada día al pensamiento, unas veces al pensamiento profundo y otras al cotidiano superficial, y así con metodología organizo las actividades que realizaré. Pienso lo que voy a leer, en lo que voy a escribir y en la música que escucharé. Si me siento satisfecho me lanzó y procuro cumplir el programa, si lo incumplo duermo mal.
El otro día me asaltó en mi castigada mente algunos datos de mi biología, decidí dedicar el día a organizar el presente y el futuro de mi estado de salud. Repasé mi estado físico, varón añoso sin enfermedad conocida y sin limitación física alguna, salvo las propias de la edad. Alto ¿cuáles son las propias de la edad?, pues depende de cual sea el nivel de actividad. Bueno yo creo que mi nivel sin ser de lo mejor, no es malo, puedo caminar durante cinco horas sin perder el resuello y sin parar. Bien es verdad que camino mal, no mantengo una armonía y equilibrio en la marcha, pero aunque vaya haciendo eses no creo que sea trascendente para mi estado de salud. Quizás se debe a mis antecedentes familiares de alteraciones neurológicas, tanto en la marcha como en el trastorno del equilibrio, mi abuelo murió con una sensación de angustia por vértigo ajeno y también porque sufría anósmia y no olió un escape de gas.
Vale, en un primer repaso se puede afirmar sin miedo a equivocarse, que en la actualidad mi estado de salud es bueno y mis estadios de vida también.
Ahora queda el análisis de lo que sera mi futuro. Sabemos que somos finitos y que la vida media de los varones es ochenta y tres años, osea que me queda como mucho quince años de vida. Durante estos quince años me gustaría que mi calidad de vida fuera la mejor posible, porque sobre todo no dispongo de recursos para recibir ayuda ajena que es costosa, puedo como mucho buscar una mujer que disponga de recursos económicos y que me ayude a costear mis necesidades, pero eso lo veo difícil porque las mujeres son muy suyas y demasiado egoístas.
Así que me enfrento a un porvenir desconocido y difícil, lleno de luces y sombras, y a la incertidumbre de que el desenlace final sea más difícil de lo previsto. No se me ocurre nada bueno, todo es muy farragoso y triste, pero decido que debo meditar que postura tomar y así decidir.
Me levanto de la mesa de trabajo para cambiar la música y me doy cuenta que no puedo incorporarme, que las piernas no me sostienen y que a una velocidad pasmosa mi piel se va arrugando y secando, quiero apoyarme en los laterales de la butaca pero no tengo nada que apoyar, ahora en vez de mis brazos son una patas peludas y con pinchos. Ruedo sobre mi y caigo al suelo que sabiendo que esta frío, no lo percibo. No puedo ponerme en pie , no dan las patas para elevarme, entonces escuchó la voz de mi mujer que me llama y me asusto, si me descubre así como Gregorio seguro que después de formar un escándalo termina por colocar su zapatilla sobre mi cuerpo y aplastarme. Giro y me pongo de lado, pero abulto mucho, así que decido desplazarme hacia el balcón, me escondo tras la cortina y cuando ella entra, como siempre abre el cierro protestando por el olor, que yo no percibo, aprovecho para deslizarme hacia la ventana central y mientras escuchó los gritos con mi nombre, miro en dirección a la calle y me dejo caer, no puedo soportar la idea de sentir vértigo.


INDALESIO Febrero 2016        

domingo, 12 de febrero de 2017

SOBRESEIMIENTO




Los dos habían sido, los dos querían ser. Quizás lo que buscaban al escribir no era que los leyeran sino que los escucharan, que las amistades que habían cultivado a lo largo de su vida, eso que los romanos llamaban gente, los oyera. Esa era también la ilusión de Cervantes tras el fracaso de las comedias. Imaginaba a su gente alrededor de un lamparón de aceite atenta a la lectura del Quijote como si fuera él quien hablara. Formar coro, tener auditores que se fijen en las ideas que transmite es el objetivo del poeta. Que su gente quede colgada de la palabra, que vea horizontes nuevos, que comparta lo que el autor acaba de descubrir.
No sé si el artista se viste o se desnuda al publicar su obra. El desnudo es la realidad que el vestido tapa. Habría que preguntar si el silencio es lo natural y la palabra lo que cubre o engaña. La pintura funde forma y expresión, pero la escritura es el destilado del pensamiento. En ambos casos el valor reside en la verdad que deja ver el autor, porque lo único que puede llegar a conocer el artista es la propia intimidad, aunque a veces no la comprenda. Es más, cuanto menos se entienda a sí mismo más explícita es su obra. Si no alcanzas a sorprenderte no vas a sorprender a los demás. En eso consiste la originalidad, lo admirable. Tan seguros estamos de nuestro final que lo más apreciado es el atisbo de novedad: una oferta que oriente, aunque solo sea de manera imaginaria, hacia otro destino distinto a la muerte. Nuevo frente a caduco.
Quizás deberías dedicarte a la poesía, le comentó su amigo, donde las palabras dicen más de lo que significan. El efecto estético del poema se sostiene como el arco de medio punto. La prosa, en cambio, depende de la coherencia interior. No es estética a lo que me refiero sino a fluidez. Puedes hacer incluso poesía automática, ese reclamo del subconsciente que se enciende como luciérnaga. Yo me voy a dedicar a la poesía barata como antes me dediqué a la prosa barata y a la filosofía barata. No es por lo fácil es por lo rápido. Necesito producir como antes necesitaba operar enfermos para sentirme satisfecho. En realidad tengo una lista de poemas en espera de creación como no la había tenido nunca de pacientes. Esto no son consejos, son sugerencias que me hago para salir del pánico de la inoperancia. Al final todo se resolverá de manera sencilla conformándome con lo que sea, como hago siempre.
CIRANO


lunes, 30 de enero de 2017

MI ESCRITURA




Llevo más de un año sin escribir, lo que me ha producido una suerte de pereza para la escritura, que no consigo vencer, por más que he luchado por volver a escribir algunos de los cuentos cuya ficción pensé que merecía la pena salvar de la destrucción. Por el contrario he avanzado en la lectura hasta el punto, que me produce tanta satisfacción que para nada añoro la escritura, y eso me hace alejarme de mi deseo de conseguir escribir alguna narración que me satisfaga.
Aprovechando que me encuentro sumergido en los Diarios de Kafka, con toda libertad he decidido escribir con mayor automatismo y regularidad estas series continuadas de palabras que me sirvan para vencer la pereza que me produce, como a Kafka, la escritura y en especial la buena elaboración.
No quiero corregir, ni hacer esfuerzo en conseguir una sintaxis buena, si no escribir, escribir, escribir, lo más que pueda para vuelva de nuevo EL DESEO, único motivo que me impulsa continuar en el mundo literario, e incluso en la pelea diaria por sobrevivir en este vulgar y zafio mundo que nos ha tocado vivir.
Bueno pues manos a la obra, lo primero, ignoró él porqué, me esta costando tanto trabajo volver a recuperar el tono de escritura, cada golpe del teclado me cuesta la misma vida. Una fuerza en mi cerebro me pide parar, no continuar, volver a la lectura, donde mi cerebro se ha acomodado para recibir el placer de descifrar las letras y su significado, pero también sé que cada dos horas tengo que hacer una parada de acomodación, y que debo cambiar de actividad literaria porque también algo me lo pide, bueno pues entre col y col, pondré una lechuga, y así reuniré muchas palabras, porque sé que me da alegría verlas aunque no las vuelva a leer. 
¿Será verdad lo del síndrome de Bartleby? O es una fantasía para justificar mi pereza, o incluso el no querer ver como realidad esas letras que yo pongo juntas y que en su conjunto no valen nada. Bueno pues sea lo que sea, escribiré, continuaré escribiendo para mi solaz y alegría. (13/08/02)
INDALESIO

lunes, 16 de enero de 2017

ESCRIBE COMO ERES Y ACABARÁS SIENDO COMO ESCRIBES




El que tiene algo que contar escribe, quien está dispuesto a sostener lo que dice publica. En ambos casos se obedece al instinto de supervivencia (lucha de la vida contra la entropía) transmitiendo la idea. No es pretencioso intentar hacerse entender, ni un alarde de vanidad mostrar lo escrito, todo lo contrario, es un ejercicio de humildad con el que se reclama que se acerquen, acepten y si puede ser disfruten de lo que dices.
La manera de escribir refleja la manera de ser y la manera de vivir, que no siempre coinciden o mejor, que casi nunca coinciden. La libertad empuja a ser como se piensa y a vivir como se es. Entre los rasgos de la personalidad quizás sea la escritura, aunque no toda, el que más libertad propone y el que mejor define el espíritu. Ya es significativo que la inclinación a la escritura sea algo más que afición a la literatura.
Escribir es atreverse a dar un paso adelante como si se tratara de ofrecerse para una misión arriesgada. Estás en formación y el capitán pide voluntarios. El que se adelanta, por lo pronto, queda marcado. Sus compañeros que siguen paralizados por el miedo se fijan en él, sienten envidia y al final serán los primeros en desear, en necesitar, que fracase. Pero incluso contando con bagaje suficiente para realizar la tarea te pueden elegir o te pueden dejar en tierra de nadie. En esa penumbra que cuando griten ¡rompan filas! quedarás señalado como quien quiso y no pudo. Ni con los buenos que te mirarán con desprecio ni con los malos que te aborrecerán por apuntarlos como cobardes.
Triunfes o fracases tendrás que saber quien eres. Si lo que escribes es malo debes dar la razón a quien te desdeña. Si consideras que lo haces bien y no lo valoran deberás estimarte desgraciado, no exactamente perdedor porque te conoces, sino alguien a quien la fortuna le niega sus caricias. Puesto en ese tesitura no queda más que atreverse a escribir como eres para acabar siendo como escribes.

CIRANO


martes, 20 de diciembre de 2016

NO COMPRES LIBRETAS







Llevaba una agenda desde hacia varios días, me gustó su formato y el elástico que le sujetaba. Venía en una funda de celofán que retiré sin dificultad. Las hojas venían rayadas con veinticinco lineas horizontales. Pasé las páginas sujetándole con el dedo gordo, tenía buen tacto. Cuando aboné su importe me llamó la atención su elevado precio, cinco dineros. Pero era un capricho y ya se sabe no mires su valor porque servía como elemento de divertimento. Recuerdo que días de después de la adquisición la volví a encontrar, estaba sobre la mesa de trabajo, y parecía abandonada. Bueno parecía no, yo le había abandonado porque ignoraba para que usarla. Me senté en la butaca y la miré con cara de interrogación, quizás me sirva para anotar ideas. No parece desacertado, pero como siempre tendré que poner una disciplina o mejor una rutina. Cada día anotar una o varias ideas para escribir relatos. ¿Y cuando no tenga ideas? ¿Que escribo? Metí el lápiz en la boca y medité, bueno escribiré solo cuando tengas ideas brillantes, y para no olvidarle lo llevaré siempre encima. Lo acoplé en el bolsillo lateral de la chaqueta y se sujetaba bastante bien, aunque tiraba por su peso y despegaba el bolsillo, algo que no me gustaba, pero abandoné la idea de cambiarle a otro departamento de la chaqueta, era el más adecuado. Diez días después, saqué la libreta del bolsillo y recordé que tenía que usarla, pero no había tenido ideas brillantes, solo ideas vulgares, ¿pero cuales son las ideas brillantes, las que me gustan a mi o la que les gustan a los lectores? Pues en un principio decidí que serian las ideas que publico en las hojas dominicales del periódico, aunque son crónicas de la vida en la ciudad y no tiene interés recordarla, porque es conocimiento adquirido y no olvidado. Por esas crónicas recibí el título de escribidor humanista, algo que me da poco interés porque no tienen nada de creativo, pero me ayuda a la economía de la familia. Volviendo a la libreta, medité cual podía ser su uso y decidí anotar los guiones de las novelas pendiente de escribir. Lo de pendiente me deja confuso, pero bueno no puedo seguir mareando la perdiz, lo dedicaré a esos menesteres. Así, anoto el nombre del protagonista, aunque no lo he decidido, pero como primera idea le pondré Indalesio, eso parece un buen nombre, pero sin “S” Cuando lo corrijo vuelve a saltar el corrector y pone Indalesio con “s” lo intento varias veces y siempre salta. Miro en el diccionario del RAE y nada, pone Indalesio con “s” pues confundido anotó en la libreta el nombre y horror no lo escribe. Miro la punta del lapicero y está correcto, la mina asoma por la punta. ¿Entonces porque no pinta? Lo intento varias veces y nada, miro si acaso la mina se desliza por el lapicero, pero de escribir nada. Entonces me doy cuenta que el problema esta en el papel. El papel esta encerado y raya la punta, pero no se ve nada escrito solo el surco que deja sobre el papel. Miro con displicencia la jodida libreta y entonces recuerdo que le había comprado en una tienda de chinos y ya se sabe, no sirven para nada. Lo lance a la papelera y entró a la primera. Quizás el único acierto que he tenido con la puñetera libreta .
 INDALESIO    09/10/2016


lunes, 5 de diciembre de 2016

AL FINAL DECIDÍ NO COMPRAR EL LIBRO




En los ambientes políticos e intelectuales donde se anda siempre con la escopeta de la crítica cargada la indulgencia no está bien vista. La comprensión se entiende como debilidad. A los conciertos, por el contrario, acude por lo general un público entregado que aplaude las actuaciones de la orquesta y no digamos a los solistas porque lo que busca es diversión. En un estado de ánimo intermedio, admirando a la figura y expectante ante el discurso acudí a la presentación que hizo Baltasar Garzón en El Ateneo de su último libro “En el punto de mira”. Buscaba razones para comprar y leer el libro además de apoyar con mi presencia su valiente trayectoria que para mí no necesita más justificación que el talento.
Se podría decir que como el señor K del Proceso de Kafka “sólo había venido por pura curiosidad o, lo que era imposible de aducir como explicación, para comprobar que el interior de esa justicia era tan repugnante como el exterior”. Es decir quería que alguien al que considero inteligente me contara ciertos entresijos de la justicia española ya que entendía que “este señor es el informante. Él da a las partes toda la información que necesitan y, como nuestra justicia no es muy conocida entre la población, se reclama mucha información. Conoce la respuesta a todas las preguntas. Si tiene alguna puede probar. Pero no sólo posee ese mérito, otra de sus virtudes es su elegante forma de vestir”. Es el informante voluntario, se entiende, que se ofrece a aclarar en un abultado volumen asuntos de interés general.
Por eso le pedí al final del ágil coloquio que mantuvo con el presidente que me informara acerca de la percepción que tenía como entendido del funcionamiento de la justicia en este país y me contestó con evasivas de encuestas de opinión muy conocidas y finalmente me explicitó que si lo que yo quería era una opinión personal me alegro de verte bueno.
Yo fui como el pardillo que va al mecánico porque nota que el coche no funciona y le hubiera gustado que el técnico le explicara si solo se trata de un poco de carbonilla en el carburador o si por el contrario es un problema serio que necesita una reforma profunda, pero me insinuó que me preocupara de conducir que ellos se encargarían del mantenimiento. No sé si el corporativismo y las generalidades son la solución de los problemas. Entiendo que la respuesta que da el conferenciante correlaciona con el respeto que le merece el que la hace y en este caso el señor Garzón consideró que no había por qué esforzarse. Como, aparte de cotilleo, mi pregunta trataba de indagar sobre la profundidad de los argumentos que pudiera ofrecer por escrito y dado que no me parecieron de suficiente calado, decidí no comprar el libro.
CIRANO

PD. Con que me hubiera contestado lo que dice la prensa me habría conformado:

Una justicia lenta, politizada, antigua y ahogada en papel

sábado, 12 de noviembre de 2016

SINE DIE



Saltó la valla sin despeinarse, abrió la puerta con una ganzúa y se coló en la casa. Estuvo un rato paseando por el salón, se acostó en la cama de matrimonio, comió algo que encontró en la nevera y se largó por donde había venido. Cuando llegaron los inquilinos más que desorden notaron un sabor a humo que se pegaba al paladar, algo así como la presencia de un vaho que enturbiaba la estancia. Dudaron si llamar a la policía pero como no faltaba nada lo dejaron estar.
Al día siguiente se rompieron varios grifos, la luz se fue dos veces, las persianas no respondían a la tracción de las cintas y los platos se rajaban en el lavavajillas. Mientras el mal fario se hacía cada vez más espeso la mujer empezó a ir al psiquiatra y el marido al cardiólogo por palpitaciones que le producían angustia. Los niños dejaron de sacar buenas notas al perder interés por el colegio.
Algunas ideas son como trozos de corcho que llegan flotando en un mar alborotado, otras son esculturas labradas con la paciencia y pericia que cada uno posea. Lo difícil es entender que a pesar de la individualidad somos un todo.

CIRANO

sábado, 22 de octubre de 2016

SUEÑO PREOCUPANTE



Esta noche he soñado que estaba acostado de manera cruzada con una mujer que permanecía dormida. Mis piernas flexionadas sobre su cintura formaban, sin rozarla, un arco en el que ella se acomodada boca arriba. Desde el punto de vista geométrico la postura resultaba lógica aunque su interpretación no lo sea tanto. Me di cuenta de la escena cuando su marido se metió en silencio en la cama por el lado donde tenía apoyados mis pies sin llegar a tocarlos. Entendí que venía a decir: lo sé todo. El hombre había engordado y se había quedado completamente calvo desde la última vez que lo vi, hace ya tiempo, por lo que no me pareció peligroso. No obstante retiré las piernas de encima de la mujer y me tumbé al otro lado durante unos momentos ya que sintiéndome incómodo me levanté y me fui. En todo ese espacio de tiempo que no recuerdo si fue largo o corto, la mujer no se movió. O dormía o se hacía la dormida como si la cosa no fuera con ella, ya que el sujeto es de los celosos agresivos; circunstancia que me hizo alejarme preocupado. Nada más levantarme consulté los periódicos locales on line sin encontrar referencias a violencia de género, cosa que me tranquilizó.

CIRANO

miércoles, 5 de octubre de 2016

PRIMER PASEO EN LA GRAN CIUDAD

                                     



Ignoro como llegué a la escalinata interminable de la Catedral Blanca, pero estaba en una esquina del primer tramo apoyado sobre un mogote duro y sucio. Tardé unos minutos en reconocer que estaba vivo y más por motivo de los escalones de marmol que por otro accidente geográfico. Quise saber que hacia allí, pero si recordaba que hace un tiempo, poco determinado, había decidido no preguntarme tantos porqués, y vivir el hecho presente. Hilaba poco algún hecho que recordaba, con encontrarme en la capital más deseada por mis inquietudes, como era París.
Tenía un severo dolor de cabeza y de los huesos que forman mi espalda. Enderecé el tronco y sonó un crujido poco audible pero si sentido. Estaba completamente helado, con las manos moradas y las articulaciones entumecidas. Cuando incorporé la cabezota, volvió a sonar las vertebras cervicales, dolía con bastante intensidad. Sacudí con la mano, los manchados pantalones, que era lo que alcanzaba mi vista, pero pensé que se me caían los dedos. Unos pedruscos clavados en mis glúteos me incomodaban y los evité girando el cuerpo, aunque eran otros nuevos los que se clavaban. Al enderezarme me incliné hacia delante y sujeté mi cabeza con ambas manos. Entonces escuché un tintineo compatible con unas monedas al caer en un recipiente. Busqué y vi un jarillo de lata justo delante y algunas monedas en su interior. Cuando fui a cogerlos, más por curiosidad que por interés, apareció una mano negra y arrastró el jarillo y su contenido. Levanté la cabeza y me encontré una enorme negrota mascullando unas palabras que desconocía su significado. Solo vi que vació el contenido, lo introdujo en su bolsillo y el jarillo lo paso al bolsillo de su raída y sucia chaqueta. No estaba en condiciones de discutir, así que pasé a una realidad más concreta.
Muy despacio giré la cabeza hacia la derecha, vi muchas personas con cámaras de foto y cubiertos con plásticos de colores muy intensos. Algo más a la derecha se veían los escalones amplios que ascendía quizás para un lugar de culto, porque podía apreciar una construcción blanca y bastante voluminosa que no podía identificar con exactitud. Después giré a la izquierda, y era una rampa en semicírculo por donde circulaban muchas criaturas, aunque con el estorbo de una ingente cantidad de hombres y mujeres de color, que llevaban en sus manos y unos hilos finos de colores que enlazaban en las muñecas para fabricar una pulseras al parecer de buena suerte, porque no eran especialmente bonitas.
Algo más entonado, noté que me continuaba doliendo el culo y era con evidencia que estaba sentado sobre piedras a forma de tochos o adoquines. Intenté incorporarme, pero no era fácil, carecía de fuerzas, así que giré en un sentido y en otro, después tomé impulso y sobre el lado izquierdo me pude incorporar de forma inestable. En especial, el incorporarme del todo fue una laboriosa tarea que me llevó largos minutos. A mi alrededor algunas personas observándome, pero a una cierta distancia. Me apoye en la barandilla y fui tomando contacto con la posición bípeda, fue entonces cuando pude contemplarme. Llevaba un solo zapato, el otro lo cubría un calcetín perforado a nivel del dedo gordo. Los pantalones de franela con enorme chorreones a nivel de la portañica y pernera derecha, estaba medio descuadrado porque andaba sujeto con una correa de cuero bastante deteriorada. Una chaqueta de twit absolutamente desgarrada por los bolsillos y con manchas de múltiples colores y tonalidades. Miré en bolsillos y repliegues y nada encontré, algún resto de papel útil en el bolsillo posterior del pantalón. Cuando terminé la inspección estaba algo mejor, pero continuaba aterido y con un temblor intenso. Me moví y dí unos pasos, fue entonces cuando pude contemplar el blanco marmóreo del SACRÉ COEUR. Las únicas palabras que pude mascullar fue, AHJ ...AHJ

INDALESIO Dic. 2014                     

domingo, 18 de septiembre de 2016

SANTA TERESA DE CALCUTA

                       


-Hola, buenos días, caballero.-
El hombre está sentado en el escalón de su casa, orientada al sur. Una casa de una calle de Villanueva de la Concepción que es, además, carretera hacia Almogía. Está muy atareado trenzando una tomisa de esparto y debe estar en los setenta años.
-¿La Jolla está para allá?, indicando el oeste, pregunto.
-¡¡No va estar pá llá!!, indicando al este y sin levantar la cabeza, responde.
Su convicción absoluta de la ubicación de la Jolla la generaliza y todo el mundo debe saber lo que él tiene tan claro… ¡Vamos, hombre!
Esta reflexión, propia del pensamiento mágico, me lleva de la mano, generalizando, a destacar el valor de las narrativas encarnadas, siglo tras siglo, - el verbo se hizo carne-, para entender desde una perspectiva epistemológica todo este montaje de Santa Teresa de Calcuta. La inercia del valor de las narrativas seculares, a través de los siglos ,tanto laicas como religiosas, como las incesantes olas del mar, labran las orillas del pensamiento convirtiendo en acantilados absolutos lo que fue en su día “verba volant.”
Así se fabrican mitos que sostienen, mantienen el pensamiento mágico…casi in eternum…
Y, ¡ anatema sea!, aun hoy, para algunos poseídos de ese pensamiento mágico… soñarían con la hoguera o precipitar a los herejes por el acantilado.
Otro capítulo magno es conocer porqué la humanidad, tanta humanidad, sigue necesitando del pensamiento mágico…

Septiembre 2016-09-06


Birlibirloque

viernes, 2 de septiembre de 2016

EL TRAUMATÓLOGO





Tenía la costumbre de recibir a sus pacientes tumbado en una cama amplia, de colchón duro y sin almohada. Siéntense, por favor, decía señalando unos sillones tipo calzador que se encontraban en el lateral del somier mientras doblaba el embozo de la sábana con la que se tapaba a pesar de estar vestido. Se ponía un gorro blanco de cirujano en un intento de conciliar la postura poco ortodoxa que adoptaba con el venerable oficio que profesaba. No era siquiatra sino traumatólogo por lo que al poco rato tenía que levantarse para realizar las exploraciones que ejecutaba con pericia, empezando la consulta propiamente dicha; eso sí, acompañado de una burocracia espesa que él mismo se encargaba de rellenar.
Había ideado gran variedad de tampones con los que imprimía el formulario más adecuado a cada caso. Escogía una de esas almohadillas de base amplia, la miraba con atención durante unos segundos, la empapaba de tinta roja y tras estamparla en el papel leía los epígrafes en voz alta dirigida al paciente. Después de la filiación recogía datos que a veces parecía que no tenían nada que ver con la medicina pero que él se encargaba de explicar. Si le pregunto que si va mucho al cine es por conocer el tiempo que permanece sentado, condición que se relaciona con las enfermedades de columna y si indago sobre lo que lee es por identificar su personalidad ya que los intelectuales suelen ser sedentarios. Después del pesado trámite se sentaba en una gran mesa a la que acudían varios ayudantes que entablaban una conversación ajena por completo al caso.
Como no creía que pudiera existir un médico tan extravagante acompañé a un amigo que tenía un problema de rodilla y todo ocurrió como se relata, hasta el punto de que una de las colaboradoras que me conocía me preguntó por mi familia como si estuviéramos en tertulia. La cosa se podía haber alargado si un paciente que esperaba fuera no asoma la cabeza por la puerta preguntando: ¿falta mucho? Ya terminamos contestó el doctor con un gesto de resignación como diciendo ¡qué le vamos a hacer! dirigido al nuevo cliente mientras continuaba con nosotros. No se puede uno entretener, la gente tiene prisa y luego pasa lo que pasa, se justificó. Nos despedimos después de que mi amigo abonara la suculenta minuta que fue recibida con alegría por el doctor que se colocaba el gorro al tiempo que se metía en la cama y gritaba ¡que pase el siguiente!

CIRANO

lunes, 22 de agosto de 2016

UNA MAÑANA , DOS ESCENAS







1ª Escena:

Sobre el mostrador de la farmacia, recostada, una señora, como su báculo al lado. Tal vez en la setentena y sobre el mostrador 8 envases de medicamentos. La señora manipula los envases acercándoselos un poco, al estilo miope, la mancebo le pide que se esté quieta: “ tiene en el ordenador por orden los envases y tiene que comenzar de nuevo”. Con un suspiro, algo ansioso, obedece.
Minutos después se reactiva, vuelve a querer identificar los envases, “este colorao no lo reconozco… y ¿ese pá que es?... ah, este pá la tensión…”
-¿Puede ponerme en cada uno pá lo que es?
La cola va aumentando, la señora ha pegado hilo, a continuación, con la mancebo y no advierte la cola…; ésta nos mira rogando compresión, “es que cuando viene necesita echar un ratito conmigo”
Ocho medicamentos, remedios precarios de la sola soledad... Algunos claramente “complacientes”: Diacepam Leo 2mgr que tal vez se pierda en la saliva…y es que la soledad de muchos ancianos ha encontrado consuelo en los medicamentos y en sus prescriptores y expendedores, ganga como no hay otra para los Laboratorios, problema de difícil “gestión clínica” y drama humano y social, muy penoso.

2ªEscena:

Playa de la Cala del Moral, otra señora, ochentona, de pié, junto a una silla, otea el lejano horizonte, por el que desapareció un día hace ya dos años su esposo. Se le ve erecta; de aspecto físico, bien.
Un aluvión de evocaciones: durante varios decenios recibió medicamentos, a varios de ellos psicodependiente. Biografía muy cargada de acontecimientos emocionalmente significativos, depresión crónica : latente, omnipresente, expresión sintomática de lo que se ha denominado “un enganche maligno” en el nivel de las relaciones de pareja…; he aquí otra medicalización, socialmente aprobada para enfrentarse a un conflicto grave de pareja, socialmente taponado, aguantado por cada uno a su manera. En ella, la fuerte “medicalización” (menuda angustia cuando retiraron el Mutabase, antidepresivo barato. Lo buscó por todas las farmacias de Málaga para que no le faltara.) En él, una muerte prematura…
Es la “medicalización “ del sufrimiento… con la bendición de todas las Instituciones.

BIRLIBIRLOQUE


sábado, 6 de agosto de 2016

ALGÚN HÁBITO LITERARIO

                                         

No me apercibí de que mi vida es una constante rutina, no mi vida social que esta ocupada por diversas actividades más o menos entretenidas, sino mis ocupaciones de desarrollo del conocimiento.
Me paré y senté en la butaca que tengo a la izquierda de mi mesa de trabajo, me había pasado por las entendederas las rutinas que cada día me ocupan y no me había dado cuenta de que todo es una consecución de repetición de hechos del mismo formato. Para no olvidar e investigar si eran miméticos de un día para otro, decidí someterlos a observación meticulosa, y resultó algo parecido a lo que describo para el lector.
Es una habitación tranquila y llena de libros, solo puede sonar el reproductor de disco en formato CD, quizás se acerquen a los ciento cincuenta y de música clásica. La construcción es de buhardilla con dos ventanas que solo abro en verano, por la temperatura. También uso la radio pero solo emisoras públicas y algo fundamental, que hablen poco.
Los libros están distribuidos por un orden peculiar, la mitad son ensayos, la otra mitad novelas. Estos dos bloques también tienen un orden, la zona de ensayos contienen libros de pensamientos, materialismo y teorías de la mente, la zona de novela contiene americana, francesas y españolas. En total puede haber unas quinientas novelas y unos trescientos ensayos.
Y ahora viene lo curioso, se los títulos pero no recuerdo el contenido de ningún libro. Así que desde hace dos años no compro libros nuevos, solo releo, siguiendo un orden aleatorio, por ejemplo he leído todo Pio Baroja y me he quedado de piedra porque me ha parecido un auténtico ladrillo, una vez leída una novela las demás mantienen un mismo ritmo y secuencia. He parado mientras escribía este cuento y he calculado que volveré a Don Pío Baroja dentro de diez años, eso si mantengo el buen ritmo de lectura como hasta ahora. Lo que más esfuerzos me cuestan son los ensayos, leo y releo ya varias veces las obras de Arthur Schopenhauer y cuando quiero saber algo genérico sobre el autor no recuerdo nada, absolutamente nada. Así que me agencié una libretilla y tomo nota, aunque me sirve de poco ya que me cuesta trabajo encontrar las anotaciones oportunas. Decidí pues, continuar las lecturas de forma alternativa y me relajé disfrutando de lo que en cada momento leía, y vive Dios que me ha sido de gran utilidad, en ese momento que leo siento un gran placer en esa lectura, hasta que paso la hoja y me enfrento con la siguiente página. Alguna vez que he perdido ocasionalmente la referencia, me paseo por todo el libro y no puedo saber en que pagina estaba, pero da igual busco una página de número par y vuelvo a leer. Con un poco de música y mis letras soy feliz

INDALESIO Enero 2016  

sábado, 25 de junio de 2016

PAPEL Y LÁPIZ




El hombre despierta de la siesta y empieza a buscar algo que ha soñado que ha perdido. Con esa preocupación olvida lo que tenía que hacer al despertarse que era ir al médico. La imagen onírica suplanta la realidad hasta que encuentra lo que había perdido en el sueño. Se trata de una reliquia de sus antepasados que guarda en un armario dentro de una caja de taracea. Al abrirla sale una pequeña araña que le pica en la mano. Asustado tira la caja al retrete y hace funcionar la cisterna. Su mano se hincha y duele por lo que va a urgencias. Cuando saca la documentación encuentra la cita a la que ha faltado. En recepción se lo recuerdan pero miente diciendo que no ha podido acudir a causa de la picadura. Le inyectan urbasón y le proponen colocarlo al final de la lista de la consulta programada pero se acuerda de que ha tirado algo de mucho valor y sale corriendo hacia su casa con tan mala suerte que lo atropella un coche. Él dice que no es nada pero lo obligan a volver a urgencias donde después de atenderlo le informan de que todavía está a tiempo de asistir a la consulta programada. Como ha olvidado el episodio de la caja accede a sentarse en la sala de espera. Allí conoce a la mujer de su vida con la que se casa. En el sueño trataba de buscar la caja con el recuerdo de familia para regalárselo a la mujer que había conocido en la consulta. Mete la mano en el bolsillo y encuentra la caja pero no se atreve a regalársela por si contiene otra araña o incluso la misma que le ha picado. Se mira la mano y ve que ya ha sanado o que nunca tuvo nada. La mujer con la que va a casarse es su mujer que está impedida en casa. Vuelve corriendo porque está sola y la encuentra muerta. La araña le ha picado en la cara y ha anidado en el pelo. Intenta acercarse pero la araña que es monstruosa se eriza dispuesta a saltar sobre él. Retrocede con cuidado hasta la puerta por la que sale; tras cerrarla con llave va a la policía donde lo cuenta todo. Una patrulla lo acompaña y encuentran a su mujer malherida en el suelo. Lo detienen sin dar crédito a su historia y lo meten en el calabozo. Se queda inmediatamente dormido y sueña que ha ganado una prueba de atletismo en una olimpiada por lo que se pone a dar saltos. En uno de ellos cae de la cama y se parte la nariz. Se levanta como puede y se arrastra hasta el salón de su casa porque no estaba en comisaría. Empieza a reflexionar sobre lo sucedido apuntando los hechos en una libreta: soy viudo desde hace diez años, vivo solo en una barriada obrera sin asistencia. Mi familia siempre ha sido pobre. Nunca he tenido una caja con una joya y lo que soñé antes es falso. Ni me ha picado una araña, ni me ha atropellado un coche, ni he estado en un hospital. Soy aficionado a la literatura y desde hace unos días escribo mis sueños. Nunca releo lo escrito porque no lo entiendo. Lo hago para entretenerme. De pequeño quería ser médico pero me obligaron a ser escritor y he fracasado. Durante muchos años me ocupé de la página de sucesos en el periódico local y solo se me ocurren ideas macabras. Con la pensión voy tirando pero tengo la vista cada vez peor y no pienso ponerme gafas. Si tuviera un ordenador podría ver películas porno como mis amigos. Menos mal que me queda papel y lápiz.

CIRANO

martes, 7 de junio de 2016

TRISTEZA INCOMODA






Llevo meses jubilado, nada enturbia mi situación, solo que desde hace unas semanas me siento profundamente triste. Por colocar mis sentimientos diré que jamás me he sentido triste, mi situación personal es buena tanto social como económicamente, y que nada me afecta para sentirme mal, aunque siempre tengo una pequeña tendencia a cultivar el sentimiento trágico de la vida. Algunos amigos me avisaron de que escribía hechos tristes y demasiado dramáticos y tanto presionaron que intente cambiar esa tendencia. Me encontraba incomodo, pero trabajé duro y algo pareció corregirlo, hasta que progresivamente me deslicé a los tiempos en positivos y optimistas. Pero sinceramente no me gustaban los relatos, me parecían banales y vulgares e incluso perdí interés en lo que escribo, así que fui poco a poco abandonando la escritura y me dejé crecer la barba.
Me miraba al espejo y fui notando unas ojeras intensas y de color oscuro, los ojos glaucos y la piel con descamación seborreica que no mejoraba con la limpieza. No le dí demasiada importancia hasta que comencé a sentir un severo estreñimiento, jamás había ocurrido en mis hábitos las dificultades en mi tubo digestivo, pero aquello parecía serio porque a duras penas se corregía con laxantes y con fibras y comencé a sentir preocupación.
Como todo buen ciudadano tengo una hermana conocedora de problemas sanitarios, le llamé y le conté algunos de mis síntomas, sin dudar me recomendó hábitos alimenticios y una sustancia para la limpieza de los intestinos. Aquello no mejoraba y cada día me sentía más constipado y con mayores dificultades, así que decidí tomar una determinación, o me ponía en manos de un médico a pesar de la pereza que me daba, o bien acababa con mi existencia por el camino más corto. Recordé las recomendaciones de los amigos que me aconsejaban no tomar decisiones vitales demasiado exigentes y dramáticas, pero estaba cansado y asustado con ese tema y quería acabar con aquella situación, así que tenía que tomar una decisión, ya.
Evidentemente no tomé la decisión más trágica porque sino no estaría contándolo, fui al médico que tardó en recibirme una semana, me pidió unas pruebas clínicas que tardaron otras dos semanas y cuando las miró ya me encontraba profundamente asustado y daba por hecho que lo mio solo tendría solución quirúrgica. Pero no, nada me había atacado, solo un colón espasmódico por un cuadro compatible con una alteración depresiva de origen no filiado. Salí de la consulta desconcertado y algo más reconfortado sujetando las pastillas de los nervios, pero sabía que aquello solo era el principio de una larga cadena de malas presencias clínicas, porque ya he cumplido los setenta años.
INDALESIO Octubre 2015


viernes, 20 de mayo de 2016

JODIDOS EXPERTOS





No hace mucho que un famoso editor amigo mío que, además, me debe su posición porque fui quién le proporcionó los medios para hacer carrera, me colocó en una coyuntura endiablada de la que no salí nada airoso, situación, por otra parte, no extraña en mi. Había terminado una novela que consideraba pasable. Sabía que no era una obra de esas que arrastran masas, pero creía que merecía la pena publicarla y con esa intención acudí a mi deudo y amigo. Como había confianza no necesité pedir cita. Me presenté en su oficina con el cartapacio y sin entretenerme con la secretaria asomé la cabeza por la puerta del despacho de ejecutivo y le dije: estoy ahí fuera, cuando tengas tiempo me avisas. Inmediatamente la secretaria recibió una llamada para que me pasara a un despacho privado en el que se personó mi amigo para preguntarme si era algo urgente. Le dije que no tuviera prisa. Me entretuve releyendo algunos párrafos que me afianzaron en la idea de la bondad de lo escrito.
Cuando tuvo un claro volvió al despacho donde le presenté la obra a mi manera, sin demasiados preámbulos. Aunque sabía que yo era aficionado a la escritura quedó un poco sorprendido antes de decirme: esto se publica de todas, todas; pero para saber qué terreno pisamos le voy a dar curso normal para que la valoren los expertos y nos digan cual es su porvenir. Cuando oí la palabra experto me recorrió el cuerpo un escalofrío como si me hubiera tirado a una piscina helada en el mes de enero. No hay cosa que más me inquiete que un experto. No creo que sean una categoría profesional sino una condición. Esa gente que asume saber lo que el público quiere, sacará conclusiones ojeando el tipo de letra, registrando algún adjetivo suelto o comprobando si el texto empieza por vocal o por consonante.
A los pocos días se presentó en mi casa a la hora de almorzar y en la sobremesa me sacudió con su propuesta: la editorial te ofrece doscientos mil euros por la novela con la condición de no publicarla. No es que sea mala ni que deje de serlo, me animó, pero los entendidos han pronosticado que no es oportuna. Sumergido en la marea alcalina producto de la digestión me remonté varias generaciones en la familia de los sabihondos poniendo especial énfasis en la línea materna y le dije que la casa se podía meter los doscientos mil euros por donde le cupiera. O mejor, rectifiqué en un alarde de reflejos, te cojo la palabra. Con ese dinero voy a publicar la novela por mi cuenta. Eso no es posible, me contestó, si te damos el dinero la propiedad intelectual pasa a la empresa. Entonces no quiero el dinero, pero sigo con la idea de publicarla por mi cuenta. No lo hagas, me aconsejó, vas a fracasar. Y fracasé.

CIRANO

lunes, 2 de mayo de 2016

LA RECOMPENSA








Hace años que dejé la política, solo me interesaba acabar con las secuelas de la Dictadura, y después de algunos años me di cuenta que tenía raíces profundas y que se podía modificar las formas pero no el fondo. También fui consciente que la cuestión ideológica se había convertido en foro de charla filosófica para los eruditos, pero para nada en herramienta para modificar la sociedad, así que decidí abandonar el compromiso político.
Bien es verdad que tenía medios profesionales para mantenerme, pero el oficio se olvida y volver a ponerse al día no es fácil y lleva su tiempo, y mis necesidades son perentorias, cada mes necesitó dinero para mantener la casa y sus habitantes.
Como el tema es delicado y con mi mujer es imposible compartirlo por su actitud intolerante, decidí preguntar la opinión al que había sido mi responsable político y hombre allegado a la dirección del partido. Con mucha discreción me hice el encontradizo con José Luis, era el responsable político de mayor rango con el que tenía relación y un cierto grado de confianza para consultar lo que me preocupaba. Sabía que tomaba café diariamente en una cafetería de lujo en el paseo marítimo y allí llegué. Entré con cara de distraído y giré mi cabeza en ambos sentidos hasta que le localicé, sin dudar me dirigí donde se encontraba y le saludé, retiré la silla y sin preguntar nada, me senté. Me miró en hito y dejó la prensa sobre la mesa. Charlamos un rato sobre algunas actitudes del partido en los últimos tiempos, hasta que vi que comenzaba a sentir incomodidad, entonces le quité la palabra y le largué mi reclamación, necesitaba ingresar dinero para vivir. Haciendo gestos con las manos, me dijo que a nivel personal nada podía compartir, y que el partido nada tenía que ver conmigo por mi abandono de pertenencia. Le argumenté que nunca se había abandonado a un compañero sin cierta cobertura de todo tipo, tanto económica como social, y que yo podía dar nombres. Aquello le produjo cierto impacto y fijo sus ojos en los míos, yo le di a entender que no era una prueba de fuerza sino una constatación de hechos habituales.
Realmente no esperaba nada de él ni de ningún otro y sabía que lo que hiciera sería cosa mía y del esfuerzo de mi familia, pero sentía cierta angustia y urgencia para saber planificar mi futuro, y más después de haber dedicado más de quince años a labores del partido.
Vi como sacaba una agenda y arrancaba una hoja, metió la mano en el pecho y sacó un lapicero, garabateo algo y me lo dio, después cogió la prensa y siguió su lectura. Leí una dirección y el nombre de un despacho de abogados, le miré y entonces comentó que allí me darían trabajo y remuneración durante una año. Me sentí ofendido y extrañado y con ganas de mandarlo a la mierda, pero las necesidades eran mayores que mi orgullo, así que di la vuelta y salí de aquel lugar odioso.
Nunca fui al despacho donde se traficaban influencias y nunca recibí apoyo alguno, salí adelante con mi esfuerzo y con el apoyo individual de la familia, como es lo común hoy día. Pero cierto día, recibí la llamada de un amigo que me pedía ayuda para recoger unos muebles de un despacho que desmontaban, presentí algo que confirmé cuando me dio la dirección y con animo renovado me presenté con el amigo al despiece del lugar. Todo estaba allí y por cierto bien archivado, cuando llevaba una hora con aquellos documentos en las manos, salí sin despedirme de mi amigo que continuaba hurgando en las pertenencias, iba indignado por el número e importancia de las personas que habían recibido ayuda del principal partido de la ciudad. Como llevaba algunos documentos de alto valor político me dirigí con celeridad al juzgado de guardia. Puse la denuncia en la Comisaria en primer lugar y después me recibió el Juez de Guardia. Pasé directamente al calabozo por orden del juez y los documentos nunca aparecieron, fui condenado a tres años de reclusión y al abono de quinientos mil euros por allanamiento de morada y por ataque al derecho del honor.
Solo mi familia esperó, pero quedó una profunda huella en mis sentimientos, cuando salí ya era mayor para cualquier lucha.

INDALESIO Octubre 2015



jueves, 14 de abril de 2016

BAJO SOSPECHA






No a todo el mundo le interesa disputar para conseguir objetivos lustrosos, o lo que es lo mismo, no todos los humanos son ambiciosos. Rodolfo Malvasía, desde luego, era uno de esos. Había enfocado su existencia hacia la serenidad, procurando, eso sí, cumplir con las obligaciones cívicas derivadas de la condición de ser vivo. Entendía que la evolución es un proyecto colectivo dirigido a la mejora de la especie, esa punta de lanza de la vida, en el que había que implicarse para ayudar al progreso, auque lo que él entendía por progreso no coincidiera con lo que daban a entender los dirigentes del planeta. Pero en lo referente a la parcela privada procuraba no buscar ni acumular eso que se conoce como éxito. Se encontraba conforme con su condición personal sin reclamar algo distinto de lo que le había tocado en suerte ni creerse con más derechos que los que le correspondían. Su objetivo era ser feliz o acercarse a un estado lo más parecido a eso. No empujaba ni quería ser empujado, pero para mayor tranquilidad, procuraba aportar a la sociedad más de lo que ésta le exigía legalmente.
Como conocedor de ciertos conceptos termodinámicos sabía que el futuro es la entropía. Con ese porvenir por delante estaba seguro que no había que esforzarse por sobrepujar al destino. El objetivo era mantener un estado estacionario satisfactorio, gestionando con acierto las pequeñas recompensas que ofrecía la realización eficaz de las ocupaciones diarias. Por eso cuando el viernes por la tarde, después de aparcar el auto en el sótano de los grandes almacenes donde solía adquirir comida, vio en un rincón un carro de la compra con una bolsa de cuero medio abierta, se dirigió al vigilante de seguridad para informar de lo que entendía era un olvido. El guardia, contrariado por el aviso que lo dejaba en evidencia, contestó, algo mohíno, que iría a inspeccionar. Pensando, al ver la reacción displicente del agente, que quizás se había extralimitado en su celo social, Rodolfo se dedicó a recorrer los pasillos entre los estantes repletos de productos superfluos, disfrutando como Sócrates, de la cantidad de cosas que no necesitaba. La abundancia es un reclamo para personas inseguras que creen llenarse de contenido al llenar el carro, pero a él no le apremiaban estas compensaciones. Hizo su trabajo con profesionalidad eligiendo lo que tenía previsto. Cuando estaba en la cola esperando pagar lo seleccionado, se le acercó el empleado de seguridad al que había alertado, para pedirle que lo acompañara al despacho del jefe en donde encontró a la plana mayor de la policía, encabezada por un comisario al que conocía de niño. Después de saludarse con rapidez, agentes de la bofía considerados expertos, le hicieron algunas preguntas sobre si había observado algo sospechoso a las que contestó que no. A renglón seguido le informaron que había descubierto una bomba recién colocada, tanto que quien dejó el paquete no tuvo tiempo de dar la señal de alarma como acostumbran en estos casos. Como no había tiempo que perder, su amigo le dijo que volverían a hablar pero que ahora lo que procedía era evacuar el edificio. Sin coger el coche ni la comida se escabulló para pasar desapercibido porque lo que más temía era verse en las garras de la prensa sensacionalista. El asunto se resolvió sin mayores complicaciones. Empezaba la temporada de verano, vivía en una zona turística del litoral y, como todos los años, los fanáticos intentaban asustar primero y pasar el cepillo después, algo que habían aprendido durante su periodo de formación como monaguillos. Rodolfo no fue identificado ni molestado, se le agradeció su servicio y se le mandó la compra gratis a su domicilio. Ni siquiera tuvo la debilidad de pavonearse en el trabajo porque prefería el silencio al ruido cutre de una pasajera fama local. Se consideró un miembro útil de la comunidad a la que había servido como debía.
Cuando el sábado subía con la bicicleta un carril empinado que cruzaba vegas siguiendo el cauce seco de un arroyo, el recuerdo de su aportación al bienestar común le daba fuerzas para pedalear. Como se iniciaba la estación calurosa había salido temprano bien provisto de agua que consumía a su debido tiempo, anticipándose a la sensación de sed como mandan los cánones. A eso de las doce se paró para orinar debajo del puente de la autopista. Estaba comprobando el color y la densidad del chorro, que hacía un pequeño hoyo sobre el polvo, para sacar conclusiones sobre el grado de hidratación con el que terminaba el entrenamiento, cuando vio un artefacto que le pareció una bomba a la espera de explosionar. Los cables de colores, la olla en donde estaría la metralla, la pequeña caja negra de plástico que supuso era un interruptor lo convencieron de que aquello era otra advertencia de los terroristas. Se apartó un trecho y llamó a la policía. Al momento varios coches patrulla organizaron un monumental atasco al cortar el tráfico de la autopista mientras era interrogado por su amigo. ¡Qué casualidad! Esta vez le fue más difícil escabullirse. En un coche de atestados con la bicicleta apoyada en el capó, lo interrogaron a conciencia antes de dejarlo partir con disimulo para evitar la prensa. Cuando se alejó del bullicio volvió a subir en la bici pensando, harto perplejo, que alguien podía estar espiándolo porque sentía como si le echaran el aliento en el cogote. Comentó el suceso en casa con cierta preocupación recordando que las preguntas que le hizo la policía no eran tan de trámite como las del supermercado.
El domingo se levantó temprano para hacer una pequeña excursión a un monte cercano a su casa. El recorrido era pintoresco una vez superada la primera parte del camino que llevaba, en medio de basura y escombros, hasta un trasformador eléctrico. A partir de ahí arrancaba una ruta que trascurría entre una arboleda de coníferas arropada por monte bajo, chaparros, sabinas, enebros y madroños espesos. Iba ensimismado sorteando los trozos de yeso, ladrillos rotos y enseres domésticos desechados cuando al llegar a la altura del trasformador descubrió lo que sabía con seguridad que era otra bomba. Nada más verla echó a correr hasta perderse en el bosque donde empezaba el camino amable. Supuso que ya era demasiado descubrir artefactos homicidas por lo que consideró continuar el paseo como si no hubiera visto nada, pero a medida que ascendía empezó a contradecirlo el sentido de la responsabilidad. La policía, que estaba seguro de que lo seguía, podía haberlo visto husmear en la trampa por lo que llegaría a la conclusión de que había ido a inspeccionar. Por otra parte le preocupaba que si aquello terminaba explotando podría dañar a alguien ya que la ruta era transitada los domingos por familias que sacaban a pasear a su niños o al perro. Así que en un claro donde encontró cobertura para el móvil llamó a la policía.
Rodolfo hacía tiempo que había hecho profesión de humildad sacando partido de lo que la vida le había enseñado. Sabía donde estaba, de donde venía, quien era, cual era la playa donde lo había arrojado la marea, todo lo que se necesita saber para adoptar una postura sensata, alejada del mundanal ruido, procurando no solo no provocar la envidia de los dioses, sino, sobre todo, evitar el rencor de sus colegas. Esta salida a la superficie a causa de la casualidad lo sumió, nada más dar noticia de su último descubrimiento, en un estado de preocupada reflexión. Ahora le iba a ser muy difícil explicar su recorrido que iba, no como el de las abejas de flor en flor, sino como el de los energúmenos, de bomba en bomba. El sábado le había costado trabajo convencer a la policía de su inocencia, ahora debía evitar que lo ablandaran de entrada en cuanto lo reconocieran. La policía se rige por reglas muy simples una de las cuales defiende que todo, en general, puede ser una pista y que la falta de motivos ya es en sí mismo una línea de investigación sólida. Esta vez tendrás que venir a comisaría para un interrogatorio en regla, le dijo su amigo atusándose el bigote en una actitud muy alejada de las carantoñas que intercambiaban cuando eran juveniles. El comisario era un tipo presumido de los que creen que el bigote es un atributo varonil que hace atractivo a quien lo porta. Tocarse el bigote con gesto serio era como decirle a su interlocutor que le estaba tocando las pelotas, por decirlo en el lenguaje cómodo en el que se expresan los guardianes del orden cuando creen dominar la situación. Los interrogatorios en regla, como las tormentas que se presentan con un airecillo agradable, pueden empezar con preguntas amables, pero terminan arrasándolo todo. También es una norma policial sospechar más del que no aporta nada que del que desembucha. Rodolfo no pudo dar el más mínimo dato sobre la campaña del miedo que la banda había programado para ese curso, tampoco sabía nada de artillería, no recordaba en que cuerpo había hecho la mili, no sabía lo que era un detonador y ni siquiera conocía la fórmula de la pólvora. Lo más cercano a la química belicista que pudo contar fueron los recuerdos sobre unos juegos peligrosos que hacían de chicos con latas rellenas de carburo que salían disparadas como cohetes al añadirle agua. Una vez, les contó a los policías en plan distendido, que no acababa de explotar una, se acercó el experto a ver lo que pasaba en el momento en el que al artefacto le dio por reaccionar saltando con fuerza hacia la ceja del pirotécnico. Como el juez también quiso indagar en el asunto (la mentalidad de Rodolfo nunca había comprendido que hubiera personas que se ofrezcan para dirimir, además de sus asuntos, los conflictos ajenos y creyéndose capaces de saber donde está la verdad) fue llevado a los juzgados en calidad de testigo, ya que no había datos para imputarlo. El lenguaje que utilizó el señor de la toga fue menos coloquial que el que utilizaban los policías que intuyeron en seguida que aquello era un pozo seco. Si a uno lo acusan de sospechoso de sabio no corre más peligro que las zancadillas que le pondrán los necios, pero ser sospechoso de colaboración con banda armada te coloca en una situación en la que todos tus detalles, tus gestos, tus silencios son dudosos. Con rostro serio, asustado, respetuoso, respondió a lo que se le ocurrió preguntarle el señor de la verdad que no tuvo más remedio que dejarlo en libertad o más bien echarlo a los pies de los caballos porque le hizo salir por la puerta principal de la audiencia.

CIRANO