lunes, 7 de diciembre de 2015

DAÑO FÍSICO





Supón amigo que te encuentras en la edad de la estulticia, esa edad de los doce a los catorce años. Voz que comienza a cambiar, con tono que oscila del falsete al grave, enorme curiosidad por saber de casi todo, aparición de atributos masculinos, pelos en las piernas y cara, y una inexplicable atracción por notar el sexo relleno y duro.
Los conocimientos son reducidos y se funciona por mimetismo, como mucho se producen enfrentamientos para defender alguna idea no sabida solo escuchada en algún corro de jóvenes imberbes. Y en cuanto al comportamiento que decir, se es el centro de todas las soflamas, regaños y requerimientos de la autoridad de la familia y académicas.
Una vez diseñado el perfil, consideramos como se comporta ante el daño físico. Vas en la bicicleta que le has mangado a tu hermano mayor, y henchido de autoridad sobre el control físico, derrapas en las curvas frenando con la trasera, haces el caballito al iniciar un ascenso, y sorteas piedras y restos de construcción en un llano próximo al domicilio. Cuando notas que sudas y respiras fuertes decides dejarlo por el momento, entonces abandonas la atención y chasss, una jodida piedra se cruza en el camino y dobla la rueda delantera, caes con gran violencia y apoyas la mano derecha en el fragmentado suelo, y entonces nota un chasquido y un fuerte dolor en la muñeca. Cuando te enderezas y sientas, ves con auténtico horror que la muñeca derecha está completamente deformada y semeja el dorso de un tenedor. No quieres gritar porque ya eres un proyecto de adulto, pero te duele tanto que sientes como perdida del conocimiento y que sudas con gran profusión. Te sujetas el antebrazo y dudas entre correr hacia tu casa o gritar pidiendo auxilio. Decides dirigirte hacia tu casa y abandonas la bicicleta, aunque no desea perderla. Completamente descompuesto llega a casa y toca el timbre con la frente, no se atreve a soltar el antebrazo, su madre grita al ver la deformidad del brazo de su hijo y organiza el traslado al Hospital. Lloras desconsoladamente porque te duele y porque estas asustado, sabes que solo estás en el inicio del asunto y que en los próximos dos meses no podrás hacer mucho y que el verano está liquidado. Antes de ir para el Hospital te cambias de pantalones porque tu madre se ha dado cuenta que te habías meado encima. Abochornado apoyas tu cabeza en el pecho de tu madre mientras te diriges en un Taxi hacia el Hospital, ahora dejas de jadear y llorar porque sientes el consuelo de tu madre.


INDALESIO Julio 2015