viernes, 15 de diciembre de 2017

AHORA LO ENTIENDO





Estaba sentado tranquilamente escribiendo cuando algún bicho me aprisionó el talón izquierdo con tenazas de queratina dejándome paralizado de dolor. Fui incapaz de moverme porque me aterraba conocer la causa. Sabía que en cuanto comprendiera de qué se trataba se terminaría todo, pero no podía separar la vista de lo que tenía delante ni tampoco podía alejar el sillón e inclinarme para mirar. Mientras tanto, el pánico al necesario gesto que debería hacer trasladó el malestar desde el talón al cerebro. Ya no sentía la pierna que estaba como acolchada. El punto donde se agarraba el insecto, porque entendí que tendría que tratarse de un invertebrado, coincidía con el centro del alma: sufría en toda mi extensión física y mental. Había dejado de ser hombre para convertirme en un ascua de pavor, así que el temblor que me agitaba consensuaba con el resto de padecimientos. Desear la muerte en esos momentos era lo más coherente pues lo pedía mi fragilidad. Aunque había especulado muchas veces con el pensamiento de que todo es relativo, fue entonces cuando comprendí que esa presunción no es cierta. Puede que se tolere como versión intelectual de un drama imaginario, pero como pesadilla que te arrasa y te paraliza dejándote sin opciones, es inapelable. Lo más notable fue que perdí la capacidad de decidir, me quedé en blanco en lo que se refiere a voluntad. Ya no me importaba el cangrejo o lo que fuera por donde había empezado todo, mi corazón era una llaga hirviendo que producía algo mucho peor que dolor; era la angustia infinita de todas las desesperaciones del universo concentrada como debía estar la energía antes de la explosión primigenia y a ella me entregué con esperanza de paz. Ahora lo entiendo.

CIRANO