lunes, 25 de febrero de 2019

SECRETOS DE LA GUERRA CIVIL





Soy el General Prados y Colón, hijo del Brigadier Prados, defensor de las colonias del territorio africano y del que tan funesto recuerdo tenemos todos los militares y más después del desastre de Annual, y sus muchas consecuencias. Entre esos acontecimientos se encuentra el que me envían al continente y recibo cierta penalización que luego desaparece con la ayuda de mis buenos amigos. Diez años después participé en la preparación de la defensa de la nación, para conseguir liquidar los partidarios de la República, que estaban destrozando el país. Todo mi destino lo viví en la ciudad de Sevilla, donde formé una familia y me fui ganando un prestigio como militar riguroso y poco dado al chalaneo. Participé en la preparación del golpe contra la República como decía antes, y debido a mi gran capacidad militar me adjudicaron el control de la Región Militar del Sur, desde allí aseguré la fidelidad militar y la más estricta y rigurosa acción militar contra los rojos y defensores de la República. En el año 1936 comenzamos la reconquista de nuestra patria y durante cuatro años apliqué con rigor las acciones militares necesarias para ayudar al generalísimo de los ejércitos y a nuestra gloriosa nación.
Relato estos hechos para mejor conocimiento de la historia de nuestro país, y porque he recibido una carta de un extraño hombre que me pide ayuda para salvar su vida y familia en situación apurada por colaborar con la gentuza que defendía la ciudad de Málaga. Todo el mundo sabe que yo presumo de no tener ninguna compasión con nadie y menos con pestes de republicanos, pero según quiero recordar este caso me toco de cerca y quizás pueda al menos repasar el informe de los hechos acontecidos. Tengo en mis manos los informes elaborados por los compañeros del tribunal de orden público y decido leer con detenimiento las cuatro cuartillas que forman la resolución de dicho tribunal. Piden en la resolución la muerte para todos los miembros de la familia, por colaborar hasta los últimos momentos en el Hospital de Sangre del Miramar, ya que el jefe de la fratría era Médico, y ya se sabe estos colaboracionistas son los peores, ya que son referencia para el populacho. El último de los informes del dosier son unas anotaciones de mi ayudante de campo, el coronel Fernández, donde se informa que habiendo quedado mi familia (esposa e hijo) en dicha ciudad, y ante el temor de que pudieran caer en manos de alguna checa, con la grave repercusión que esta hazaña pudiera tener, se había tomado la decisión de proteger a mi mujer, Doña Josefa y a mi hijo Enrique, en casa de un Médico responsable del Hospital de Sangre, durante un periodo de dos semanas, hasta que el consulado Ingles pudiera organizar la evacuación de tan importantes ciudadanos. Algo asombrado por la coincidencia de que el mismo Médico que me pide clemencia, sea el que protegió a mi familia durante su estancia en la ciudad de Málaga, vuelvo a leer todo el informe y después de tomar una copa de licor fuerte, quiero recordar aquellos acontecimientos que tanta preocupación me produjo, pero que supimos resolver con tanta premura, en especial porque había sido un descuido de mi querida esposa. Tengo familia en la bella ciudad de Málaga y mi esposa Josefa sin encomendarse a la virgen ni al diablo, decide desplazarse hasta allí para recoger a una tía soltera, pero con buen peculio, que había quedado retenida en su casa de las Acacias. Faltó poco para que quedara atrapada entre la gentuza que ejercía el bandolerismo en la ciudad y no sin cierto riesgo se consiguió sacar a toda la familia en el barco ingles que cada día se encontraba fondeado en la bahía de la ciudad. En una hoja adjunta se relataba los hechos que había realizado este médico para mi valoración: - acogida en su casa de Pedregalejo Acacias durante seis días - Traslado al Consulado Inglés y - salida desde el consulado hasta el puerto en pésimas condiciones y riesgo. Leí varias veces los informes y recordé lo mal que pase esos días con la incertidumbre de saber que sería de ellos, pero a Dios gracia todo salió a pedir de boca y recuperé a mi familia.
Yo Enrique Prados y Colón, General de los ejércitos victoriosos de la nueva España, decido no conmutar la pena de Muerte a ninguna de los miembros de la familia Fernández Castañeda, médico del Hospital de Sangre de la ciudad de Málaga. Decido que no debo tener clemencia alguna por los motivos que tengo a bien considerar: 1/ Represento una nación que ha sido saqueada por los que ningún derecho legal tenían. 2/ La misericordia ha sido abolida en los tiempos de guerra con el beneplácito de la Iglesia Católica. 3/ No puedo ni debo equipararme al comportamiento del cabeza de familia que permitió la vida de los míos, ya que soy un militar y me debo al poderoso y victorioso ejercito de nuestro amado Franco. 4/ y último, Es mi deseo que sean ejecutados todos los miembros de esa familia uno a uno y en sus presencias, para que no sean ejemplos ni referencias del pueblo de las Españas, como así decidimos los ejércitos victoriosos.
Y para que conste firmo la sentencia y orden de ejecución en un plazo no mayor de dos semanas, que así sea y Dios lo bendiga.
General Prados y Colón . Máxima autoridad de la ciudad de Sevilla
INDALESIO