viernes, 15 de enero de 2021

YAMILA . CAPITULO II




Me dio la sensación de que Cué no deseaba ser visto y menos en mi compañía, dio un rodeo para dirigirse al Aeropuerto y en algo más de media hora estábamos en el mostrador de la compañía aérea. Con los billetes en la mano nos sentamos en la sala Vip, Cué me sujeto el brazo y con el mismo tono de voz que usara siempre me dijo: “Hay algo que debe saber, yo no le voy acompañar a Cuba por motivos que no viene al caso, usted irá con una compañera de la embajada que con seguridad le gustara más que mi persona” En ese momento apareció una mujer de mediana estatura y tono cobrizo de piel que caminaba contoneándose de forma exagerada, se dirigió directamente a mi y me dio dos besos. Con una voz melosa me dijo llamarse Yamila y que sería mi compañera en el viaje y estancia en Cuba. Me giré para ver la cara de Cué y ya había desaparecido, cuando pregunté por él, Yamila me dijo que lo esperaban en la embajada pero que todo lo sugerido e informado por él se llevaría a cabo. Desconfiando de la situación le hice algunas preguntas comprometidas que contesto con seguridad, “ No se preocupe todo esta bajo control y nosotros no podemos permitirnos fallos” El material quirúrgico y los implantes están en la bodega del avión y yo mismo los he avizorado, no debe preocuparse. Más tranquilo y notando como su pecho rozaba con mi brazo, me ocupe de observar los atributos de esa mujer de tanta belleza. Era de cara espectacular ya que las facciones eran de mujer oriental con nariz algo aplastada y labios exuberantes, solo su piel era cobriza y con brillo, y aún más espectacular el cuerpo que movía con un contoneo que podía volver loco a cualquier humano, las nalgas se oían frotar entre ellas y los glúteos oscilaban con exuberancia. Sentí que esta mujer me atraía bastante y que notaba excitación en el bajo vientre, aunque en verdad debería de tener otras ocupaciones en donde poner mis entendederas. Le dejé unos pasos delante y contemplé su figura desde atrás, y vive dios que espectáculo, ella debió darse cuenta de mi maniobra porque giró su cabeza acompañado de un generosa sonrisa y continuó su esplendido desfile. Alarmado por las sensaciones que recorrían mi cuerpo, sentí algo que nunca antes había sentido, estaba muy excitado, por lo cual decidí normalizar mi estado y ocuparme de otras asuntos relativos a la empresa que tenía en mis manos. Me sorprendió que siendo un país con limitaciones económicas nos hubiesen puesto en una zona de lujo, cortesía que agradecí y más por la compañía que llevaba a mi lado. El viaje fue algo pesado ya que no pude dormir y además abandonado por Yamila que desapareció durante todo el trayecto. Bajé del avión con preferencia y acompañado por dos guardias, una vez en el control alguien con barras de mando nos envió a un cuarto con una mesa y tres sillas, allí comenzó un severo interrogatorio hasta que Yamila compareció levantando la voz y sacó un documento de acreditación. Después de leerlo el oficial dio la orden que sacaran a Yamila de la habitación, pero ella levantó la mano derecha y en tono de amenaza advirtió que se acababa el juego y que llamaran al coronel Prudencio Viñas, jefe del aeropuerto. Aquello silenció al oficial dando la orden de llamar por teléfono al Jefe Militar, que apareció a los diez minutos, saludando efusivamente a Yamila ante la cara descompuesta del mando. Ordenó traer un auto y nos llevaron al Hotel Habana Libre donde nos recibieron dos personajes que se identificaron como médicos. Durante una hora me fueron contando aspectos clínicos del paciente y de lo delicado de su salud, acordamos que la intervención sería el día siguiente a primera hora y solicite algunas necesidades que consideraba imprescindible para la intervención. Conforme pasaban los minutos aquellos personajes médicos me fueron pareciendo más agradables y bien informados, de forma que confiando en ellos le pregunté aspectos personales de mi enfermo, bueno pues resultó ser el Jefe del Estado Mayor del Ejercito, hombre que además de ser militar era extensamente culto aunque por más señas igualmente odiado por sus tan amplios conocimientos. De forma que para evitar problemas habían decidido buscar un cirujano ortopédico que además de buen cirujano fuera un hombre culto e ideológicamente comprometido, mi figura fue recomendada por José Lezama Lima, poeta que según nos contó conoce mis escritos que publico en la revista Elgarrotin. Me dejó sorprendido porque aunque es real que escribo, jamás pensé que llegara a ser leído en la otra parte del mundo, si bien para ellos parecía de lo más normal, incluso me hicieron una tenue crítica. En verdad que este novedosa situación me animo mucho y estalló una intensa alegría dentro de mi pecho, busqué a la mujer que me acompañaba pero no estaba a la vista, si bien a los pocos minutos apareció con la misma cara de alegría y felicidad. Le conté lo de mi fama literaria y sonrió generosamente, “Lo sabía y le ruego mi disculpe no haber comentado esta situación, olvido imperdonable” Me cogió la mano y tiro de mi “nos vamos a descansar, usted lo necesita” Me despedí de mis colegas y quedamos en vernos a primera hora de la mañana, al salir había un precioso Chevrolet Impala esperándonos, le pregunte a Yamila donde nos dirigíamos, sonrió despidiendo al chaufer y condujo mientras me decía que teníamos una casa en Siboney para que descansara. En verdad que estaba algo mosqueado porque no conocía estos barrios ni sabía que era lo que me esperaba, pero bien pronto salí de mi desconfianza, frondoso lugar con casas coloniales grandes y separadas con jardines lleno de flores de multitud de colores. En la puerta una pareja de jóvenes que según me dijo Yamila era el servicio domestico de la casa, me los presento como Gustavo y Laia, les estreché la mano y me volví para mirar el paisaje. Justo al lado de la vivienda había otra casa con una enorme bandera de España, Yamila me dijo que era la embajada de nuestro país, me hizo gracia el lugar que habían elegido. Realmente estaba cansado y fue quitarme los zapatos y caer rendido en la cama, pocos minutos después dormía como un bendito. Sentí un leve cosquilleo en mi oreja derecha, pero continué dormido, más cosquilleo que me llevo la mano a instintivamente rascar, pero no, note sobre mi brazo una leve presión con una estructura semiblanda que me era grata, después escuché un bisbiseo en la misma oreja y no me quedo otro remedio que abrir los ojos e incorporarme. Era Yamila que me despertaba de la forma más dulce que jamás me habían despertado, y aún más se quitó las ropas y se metió en la cama conmigo. Y vive Dios, pasamos uno de los mejores momentos de mi vida. Aquella noche me llevo a un paladar donde cenamos a la luz de las velas, pero a la mediación del ágape Yamila se disculpó y desapareció. Aquella noche no la volví a ver, pagué al mesero que juro por lo más sagrado que ignoraba su paradero y me fui. Como no sabía por donde ir me situé en la acera que se dirigía hacia la quinta avenida y levanté la mano en señal de aviso y llamada. Casi de inmediato paro un coche sin distintivo de Taxi, me asomé a la ventanilla y vi que era una mujer, le dije que estaba perdido y que me dirigía hacia Siboney, con voz dulce y melosa me invitó a subir. Diez minutos más tarde, cuando aun me estaba acoplando y mirando los potentes muslos de la mujer, sonó una sirena y se cruzó un coche de policía justo delante de mi desventurado coche de alquiler. Me sacaron con cierta violencia tirando de mi brazo y me colocaron contra un muro, con brazos y piernas en cruz y mirando a la pared. La mujer que igualmente había sido sacada del auto con violencia se encaró con los guardias, yo les escuchaba bastante asustado, pero mi sorpresa fue que la mujer adujo que era músico y que tocaba el Son con una Charanga de Yamila , y de forma inmediata dejaron de presionarnos y nos permitieron continuar nuestro recorrido, devolviendo el pasaporte y los enseres de aquella mujer. Nos permitieron continuar nuestro recorrido en dirección a Siboney, pero sentí que mi boca estaba seca y ella muda para recuperarse del mal rato, pero en unos segundos giro su cabeza y me dijo: “La música amansa las fieras” le pregunté el porqué de ese cambio tan radical cuando dijo que era músico y que en Cuba los músicos son muy respetados, sorprendido entablamos una muy grata conversación, mientras yo con algo de excitación le contemplaba admirando sus muy equilibrados atributos corporales, y valorando cual de las dos mujeres, Yamila y Rachel como se llamaba mi agradable conductora, era más guapa y más deseada. Pero al llegar al destino se despidió con mucha dulzura con dos agradables y húmedos besos y solo comentó “Mucha suerte para mañana”. Al salir me dí cuenta que me encontraba justo delante de la legación que me servia de casa. Por precaución salí del coche agradeciendo su amabilidad y ofreciendo abonarle el recorrido, pero ella sonrió y negó con la cabeza. Entré en la casa y me recibió Yamila con grandes muestras de alegría, le conté mis aventuras y ella dio muestras de conocer mis incidencias en la noche cubana con amplias sonrisas y muestras de coquetería. “Ahora a descansar querido, mañana nos espera un día duro y en especial a usted mi querido cirujano”                                            (Continuará)

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