viernes, 15 de diciembre de 2017

AHORA LO ENTIENDO





Estaba sentado tranquilamente escribiendo cuando algún bicho me aprisionó el talón izquierdo con tenazas de queratina dejándome paralizado de dolor. Fui incapaz de moverme porque me aterraba conocer la causa. Sabía que en cuanto comprendiera de qué se trataba se terminaría todo, pero no podía separar la vista de lo que tenía delante ni tampoco podía alejar el sillón e inclinarme para mirar. Mientras tanto, el pánico al necesario gesto que debería hacer trasladó el malestar desde el talón al cerebro. Ya no sentía la pierna que estaba como acolchada. El punto donde se agarraba el insecto, porque entendí que tendría que tratarse de un invertebrado, coincidía con el centro del alma: sufría en toda mi extensión física y mental. Había dejado de ser hombre para convertirme en un ascua de pavor, así que el temblor que me agitaba consensuaba con el resto de padecimientos. Desear la muerte en esos momentos era lo más coherente pues lo pedía mi fragilidad. Aunque había especulado muchas veces con el pensamiento de que todo es relativo, fue entonces cuando comprendí que esa presunción no es cierta. Puede que se tolere como versión intelectual de un drama imaginario, pero como pesadilla que te arrasa y te paraliza dejándote sin opciones, es inapelable. Lo más notable fue que perdí la capacidad de decidir, me quedé en blanco en lo que se refiere a voluntad. Ya no me importaba el cangrejo o lo que fuera por donde había empezado todo, mi corazón era una llaga hirviendo que producía algo mucho peor que dolor; era la angustia infinita de todas las desesperaciones del universo concentrada como debía estar la energía antes de la explosión primigenia y a ella me entregué con esperanza de paz. Ahora lo entiendo.

CIRANO

lunes, 27 de noviembre de 2017

SECUELAS

                                                    


Fue el mismo año en que se escuchó ese celebre parte de guerra, “ En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado.” En casa lo escuchamos por la radio y se celebró con alegría contenida pero con pan y agua porque nada había para llevarse a la boca. Era verano y de esos tórridos por los vientos de poniente, la familia estaba sentada en la mesa donde solíamos charlar y a veces comer algún alimento. Mi padre tenía que comunicarnos algo de interés. De forma respetuosa nos sentamos los seis hermanos y los padres.
  • Queridos hijos, vuestra madre y yo tenemos la obligación de daros de comer todos los días, pero como habéis podido comprobar nada tenemos y menos hay en el mercado. Así que alarmados por vuestro estado de salud hemos decidido enviar al más pequeño de vosotros a pasar tres meses con vuestra tía Olaya al Priorato de la Barosa en Portas donde tenemos el compromiso que sera bien recibido y suficientemente alimentado para conseguir fuerzas que le permita superar esta terrorífica hambruna en la que nos han metido los rebeldes.
Una semana después mi padre me llevó a la estación en su bicicleta, llevaba una gorra con visera de mi hermano mayor, y un hato con una muda y dos calcetines de distintas parejas recolectado del resto de mis hermanos. Mi madre me había colocado un pequeño letrero de hule de la mesa con mi nombre y lugar de destino y sujeto con un imperdible en la solapa de la chaquetilla. En la estación y en consideración a mi corta edad, diez años, el revisor se comprometió con mi padre darme agua de una damajuana cada tres horas. Mi tía me recogería en la estación de destino Pontevedra treinta y seis horas después.
Antes de que el tren se fuera me agarré a las piernas de mi padre y le pedí no me dejara. Mucho tuvo que hablar mi padre para convencerme de que era bueno para mi y que sería divertido. Al final la receta de la autoridad dio sus esperados frutos y subí al tren entre hipidos de desesperanzas. Desde la ventanilla del vagón y con el hato sobre mis piernas, contemplé como aquella maquina de humo se alejaba de lo único que conocía en este mundo, mi familia.
Después de girar la cabeza para comprobar que me alejaba de la imagen de mi padre, y sin comprender porque tenía que separarme de mis querida familia, habiendo sido obediente y comido todos los días las acelgas que mi madre cultivaba en el jardín y que tanto asco me daba, ahora me quedaba solo y metido en una maquina infernal en dirección opuesta donde mantenía la mayor de las felicidades. Bien es verdad que según nos informó nuestros padres, todos los hermanos tomaríamos el mismo camino en direcciones opuestas, pero pasaríamos el verano con familiares que dispusieran de recursos para alimentarnos, así que mis padres quedarían solos y comiendo solo las tristes e insípidas acelgas.
Continuaba mirando por la ventanilla por vergüenza ya que gruesas lagrimas surcaban mis mejillas, y un sentimiento de congoja atenazaba mi pecho. Esperé hasta que serené mis sentimientos, y el ruido del vagón empezó a tener cuerpo, entonces pasé la manga de la chaqueta por mi cara y limpié los restos de tristeza.
INDALESIO



lunes, 6 de noviembre de 2017

ALABASTRO




Atendían al amor a cualquier hora; eso era en los buenos tiempos, cuando el sudor era fragancia de sicomoro y el pelo y la sonrisa cantar de alondra. Arriba jugaban a lo que la carne pidiera. Voy a bucear un poco decía el hombre tomando aire. Un poco o un mucho contestaba ella abriéndose. Esas cosas las hacían por querencia, porque necesitaban sentirse. Necesito que me aprietes suspiraba la mujer en cualquier momento y allí empezaba todo. Parecía como si descubrieran algo nuevo en cada recodo, pero no hacían sino lo que pide la vida desde que supo que la muerte se engaña con caricias.Con esas maneras llegaron a conocerse sin pensar que estaban hechos el uno para el otro. Había demasiada limpieza en su juego como para engañarse con frases hechas. Los besos no solidifican y no sirven como testigos en juicios posteriores. No dejan marca porque el mar no recuerda las olas que lo han agitado. Antes de caer en la rutina se rompieron sin costura posible. Ella se fue como el pájaro que abandona el nido cuando las alas todavía no lo sostienen .
CIRANO

sábado, 14 de octubre de 2017

SIN PERSONAJES




No buscamos lo raro, solo el cambiar lo coherente por lo que se encuentra fuera de el orden establecido. Ese fue lo que pensó las brizna de polvo cuando entró por el balcón del palacio de Versalles. En un principio se golpeo la nariz contra algo que no conocía, pero estaba preparado para sentir lo inoportuno, muy habitual en la vida cotidiana. Ese algo era incoloro y ni pudo ni tubo la oportunidad de esquivarlo, era vidrio. Dejó la interpretación numinosa y se deslizó por el vidrio que fue a su vez tomando protagonismo y haciendo todo lo posible para que la brizna perdiera sus capacidades, como así fue. La brizna llegó al margen inferior y se depositó en el junquillo de soporte distal, allí se relajó para inspeccionar su entorno. El vidrio satisfecho por haber conseguido su misión de parar la entrada del genérico polvo, le permitió depositar su volumen en aquel lugar ya ocupado por otras partículas más madrugadoras de la invasión . También en los otros junquillos, en especial los laterales, pero en menor proporción ya que los amos poseen un principio poco demostrado que llevan los cuerpos extraños al lugar más inferior, es lo que llaman la ley de la gravedad aunque si no existiera creo que también caería como ocurre con todas las cosas, por su propio peso.
El vidrio gritó cuando sintió la imagen de la corporeidad acercarse en su dirección, esperó pacientemente hasta que supo que venía específicamente a su encuentro y fue entonces cuando advirtió a las partículas de polvo que se prepararan, que las primeras en caer serían ellas, ya que conocían las costumbres de la corporeidad. El dedo indicé introducido en el paño húmedo y haciendo de lanza para arrastrar los depósitos de partículas que se alojaban en el junco inferior que sujetaba el vidrio, así fue lo que ocurrió una vez que las maniobras de apertura del gran balcón fueron ejecutadas por el mayordomo mayor de palacio, mientras enseñaba las formas como se limpiaban los ventanales del salón principal del horroroso habitáculo. Y enseñar al becario último que había ingresado, porque  ese sería el próximo en ser despedido ya que llevaba seis meses trabajando con afán y cada tres semanas era examinado por el mayordomo mayor, que indefectiblemente despedía al becario cuando pasaba el trapo del polvo por el junco inferior del amplio ventanal del palacio de Versalles. Esas eran sus instrucciones y así deberían ser cumplidas por orden de la autoridad.
INDALESIO Septiembre 2015




viernes, 29 de septiembre de 2017

LA VIRGEN





            Había en mi pueblo en los años duros de la posguerra una moza guapa que le dio por levantarse la falda al tiempo que argumentaba: “lo que se han de comer los gusanos que lo disfruten los cristianos”. El caso es que como no llevaba bragas los cristianos se subían por las paredes. El cura la quiso recoger para la catequesis pero el alcalde que iba a misa con su perro, gestionó una plaza en San José donde la recluyeron.
            Cuando a los pocos días la guardia civil vino al pueblo a buscarla nos enteramos de que se había escapado del manicomio, pero no supimos más de ella hasta que la vimos retratada en la propaganda de una sala de fiestas de la Barceloneta. La historia no aclara demasiado el trayecto aunque supone que tras fugarse con un celador llegó a Barcelona en un vagón de tercera sin acompañante al que, por lo visto, tiró del tren al pasar por la Mancha a eso de las tres de la mañana. Tardó poco en hacerse la figura del cartel tras amancebarse con el dueño del serrallo con el que convivió muchos años.
            Al lugar volvió unas navidades embutida en un abrigo de pieles y subida en un haiga que manejaba un chófer uniformado. Se le hizo una recepción de las de Bienvenido míster Marshall con banquete oficial y discursos pero sin misa porque a tanto no llegaba el perdón. Cuando se retiró de los escenarios montó una cadena de casinos en la costa con los que ganó dinero para hacerse una casa suntuosa en el pueblo, donde vive sin fotos ni recuerdos. Un día me la encontré por la calle y le comenté que el suyo había sido el primer coño que vi en mi vida y que todavía me acordaba de lo extraordinario que resultó aquello. Se te apareció la virgen ¿no?, me dijo. Algo así, le contesté.

CIRANO

lunes, 4 de septiembre de 2017

TERCER PASEO. PARIS




La siguiente vez que vi a Thimoty fue meses más tarde cuando yo había recuperado algo de mi memoria y de mi salud física y mental. Debió comenzar cuando me obligaban a comer en los servicios sociales de la ciudad y lavarme una vez a la semana. También es verdad que un grupo de voluntarios de un secta religiosa llamado los Defensores de Cristo Rey, me acogieron bajo su tutela y cada noche me traían un cafelito caliente y me leían un fragmento de la Biblia. Yo se lo agradecía efusivamente, como si realmente me importara un pito la Biblia y sus monsergas cursi les y aburridas.
Bueno, cierto día que me encontraba apoyado en la columna de San Jacques esperando que un pesado se fuera de mi habitual lugar de dormida en los soportales de unos almacenes de gangas, que despedía calor por las rendijas de las puertas, apareció Thimoty bajándose de una moto scuter.
Yo no recordaba haberlo visto, pero le respondí al saludo, era interesante que ya entendiera bastante del idioma de Moliere, y acepté que se sentara cerca mía. Olisqueo levantando la nariz, buscando quizás reconocerme por mi habitual pestilencia, pero se quedó sorprendido ya que solo era capaz de olerme yo. Después saco una cajetilla de cigarrillos y me ofreció uno, acepté y di una profunda calada que me provocó un ataque de tos, no recordaba haber fumado en tiempo, al menos desde el que tengo recuerdo. Tiré el cigarro y continué con la tos. Se lamentó y comenzó su rondo de preguntas. Me preguntó por el College de France y por mis relaciones con los profesores en especial con Michel Foucault. Le miré en hito y me levanté para irme. Me sujetó del brazo y volvió a pedir disculpas, entonces derivó hacia terrenos más sociológicos, ¿porqué vivía al modo clochard? Le miré de nuevo con cara de extrañeza,
  • ¿De qué me habla?
  • Usted es español, lo sé porque conozco a su hija. Vive en esta ciudad desde hace, quizás dos años. Es un hombre culto y ha sido ayudante de unos de los mejores pensadores de la Francia. Pero algo le pasó y desde entonces vive de la caridad, esta es la segunda vez que le veo, ¿recuerda?
Le volví a mirar y le hice un mohín de extrañeza. Pero la verdad es que había recordado este tiempo en que vivía en París, pero por pereza y por encontrarme cómodo en esta situación, me había dejado ir. No recordaba los motivos pero sabía que su recuerdo me hacia daño, así que ni me molestaba en buscar el recuerdo.
  • Bien, respeto que no quiera hablar de su situación. Yo quiero ofrecerle ayuda cuando lo necesite. Hay algo que pueda hacer por usted, ¿dinero o alguna gestión en los servicios sociales?
Entonces sentí una severa punzada en mi cabeza y un persistente tics atacó mi ojo derecho. Me coloqué la mano cubriendo el ojo y entonces vi en el recuerdo al capullo de Thimoty acompañando a mi hija. Si, ya lo veía, mi hijita vivía en esta ciudad y tenía un trabajo muy creativo, pero algo ocurrió que me hizo....enloquecer? No consigo aclarar el recuerdo, pero este tipo forma parte de él, y además siento que le hizo daño...pero no conseguí ver con claridad que fue lo que pasó. Le sujeté del brazo y le miré, quise preguntar algo sobre mi hija, pero en mi mente había algo que lo impedía, algo que si lo verbalizaba me haría sufrir y eso era algo que yo no deseaba. Entonces el azar me echo una mano y este parisino de mierda comentó como para que yo se lo agradeciera.
  • Su hija se fue hace un año para Japón, la contrató un estudio para realizar un trabajo de cinco años en la ciudad de Tokio, y no he vuelto a saber nada de ella. Me dejó porque quería continuar poniendo en marcha sus ideas y yo no formaba parte de su vida. Además creo que se enamoró de otro hombre y ambos se fueron para Asia. Aún ando recuperándome de esas heridas.
Solté el brazo y asentí con la cabeza, era mi mejor manera de agradecerle la información. Una gran tranquilidad invadió mi corazón y el click de mi cabeza fue cediendo y comencé a ver con mucha mayor claridad. Me despedí de él y me dirigí hacia mi lugar de reposo calentito e independiente. Nunca más tuvimos interés o casualidad en vernos.


INDALESIO Dic. 2014

domingo, 13 de agosto de 2017

MÁS LEJOS DEL DESEO


                               

Fui un mal estudiante, mostraba poco interés por los conocimientos y pasaba los cursos con más pena que gloría y gracias a la influencia de mi padre. Cuando terminé el bachillerato elemental le dije a mi padre que no quería continuar con los estudios, y que un amigo me había ofrecido trabajo en el negocio de su padre. Mi padre hombre liberal y con grandes conocimientos del mundo, intento convencerme que pospusiera dejar los estudios con el bachiller superior, pero fue inútil soy un cabezón y había tomado una decisión inamovible, se acabó.
Después de varios días, con algunas lamentaciones de mis padres, entré a trabajar en una panadería, primera decepción, para cuidar de sacar el pan una vez horneado. El trabajo comenzaba a los cuatro de la madrugada, pero hice un esfuerzo y me habitué a vivir por la noche y dormir en las mañanas. A los tres meses conocía el funcionamiento de cómo hacer el pan y ahora de cómo venderlo, mi último lugar de ubicación laboral.
Era simpático y amable con los clientes, lo cual me granjeo bastantes amistades. Una de ella era una señora, cuarenta años mayor que yo, que acudía diariamente a por una pieza de pan. No era alta ni tenía ninguna virtud física, pero me agradaba escucharla cuando entraba en la panadería. Curiosamente sentía una extraña atracción en acercarme a ella y darle la pieza de pan desde delante del mostrador, ella me miraba y hacia un pequeño mohín con sus labios y nariz.
Cierto día entró en la panadería con una bolsa pesada sobre el pecho, le pregunté si quería le ayudara, ella aceptó y esperó que yo recogiera la bolsa acercándola a sus pechos, yo inevitablemente pasé mis manos rozando sus tetas. Ella me miró a los ojos y repitió el mohín habitual. Sentí turbación durante unos minutos y me sentí incomodo. Ella me pidió subir la bolsa a su domicilio y mi patrón me lo ordenó. Yo no sentí rechazo, sino todo lo contrario, extrañamente me atraía aquella mujer, a pesar de la edad que tenía y de los pocos encantos de que disponía. Fui tras ella y subí las escaleras observando la dificultad que tenía en elevarse en cada escalón, algo que me permitió serenarme y pensar que era una locura sentir atracción por una vieja sin encantos. Cuando llegamos a la puerta del piso, ella suspiraba con dificultad y yo había decidido que era lo que tenía que hacer. Le pregunté si dejaba la bolsa en el suelo y ella me pidió esperar para entrar en el piso, cuando entramos ella me paso la manos por la cintura y se apretó contra mi.
Fue entonces cuando me dijo: “Eres un muchacho encantador, ojalá tuviera alguna vinculación familiar contigo. Debes cuidar mucho su candidez, porque produces una sensación de deseo tan poderosa que terminaras padeciendo por ella”
Salí de la panadería aquel mismo día y me incorporé a la continuación de los estudios de bachillerato, me había dado cuenta que aún no estaba lo suficientemente maduro para enfrentarme a los avatares de la vida. Y en mi vida siempre cuidé mucho de controlar mis instintos más primigenios.


INDALESIO Octubre 2014


jueves, 27 de julio de 2017

EL GESTO DE LOLA BELTRÁN


Los antiguos mexicanos daban a su emperador el título de Tlatoani: el señor de la gran voz. Lola Beltrán en el México moderno es la Señora de la Gran Voz, la emperatriz de una palabra que nuestras mujeres han conquistado poco a poco. A su amante doña Marina, el conquistador Hernán Cortes la llama «mi voz» y el mestizaje adquiere la palabra; sor Juana Inés de la Cruz llena con su voz el silencio de la colonia española; la cantante ranchera da voz al México independiente; ella nos ha dicho siempre las otras palabras, las que no se escuchan en el mundo del machismo cruel o solemne. La voz del machismo no es una voz erótica: solo puede ser violentamente sexual. La de la mujer sí, si el erotismo como dice Georges Bataille, es la aprobación de la vida hasta la muerte. Esta es la voz de Lola Beltrán 
Carlos Fuentes enero de 1984 
Pero no solo la voz como dice Carlos Fuentes, sino sobre todo el gesto. Antes de que hubiera televisión, no era raro ver en directo que un jugador pitado echara mano a la entrepierna, sacudiera el mondongo y mirando retador al respetable rezongara groseríade “violencia sexual”.  
Con elegancia, con ternura, Lola Beltrán apoya las manos en las caderas para expresar dulzura sexual. Con gesto delicado la cantante señala la convergencia de las artes, el mensaje del dios que armoniza la vida. Merece la pena disfrutar del erotismo dulce de la intérprete mexicana que en estcanción, tan sentida como bien dicha, está insuperable. ¿Qué ofrece al paso de juran que el mismo cielo se estremecía al oír su llanto? ¿Qué encierra con las manos mientras se acerca con vaivén de oleaje a la cámara? ¿Qué insinúa con suavidad de paloma que parece flotar 
Si todo cupiera en la palabra no harían falta los besos.  

Aquí va el enlace para escuchar Cucurrucucu paloma de Lola Beltrán y Mariachi Pulido.  

CIRANO 

martes, 4 de julio de 2017

SEGUNDO PASEO






Conocí a Thimoty en los soportales del Gran Boulevar, el sol había asomado tímidamente por entre dos edificios y me paré al pasar a través de los rayos. Retrocedí unos pasos y me apoyé en la pared. Cuando sentí que el sol calentaba mi cuerpo, me dejé deslizar hasta sentarme en el suelo y quedé quieto. Mi mano sujetaba mi abollada cabeza que tenía que soportarla como si pesara varias toneladas. Pero mi cara estaba expuesta al sol y notaba como entre las marañas de pelos de cara y cabeza el sol hacia de las suyas. Necesitaba esa terapia, las chinches me habían provocado una intensa descamación con pústulas que me producían dolor y una insaciable picor. Al ahuecar la camisa se formó un bolsa de aire que apestaba incluso a mi persona. Permanecí varios minutos en aquella posición, hasta que el sol se fue atenuando, durante este tiempo escuché varias monedas caer sobre el jarillo que había conseguido. Cuando el sol desapareció y me enderece vi que contenía siete sous, suficiente para tomar un plato de sopa caliente en la ayuda social, aunque la última vez no me permitieron entrar por la gran suciedad que llevaba encima. Antes de que desapareciera las monedas las recogí, y las pasé al bolsillo interior del abrigo, con tan mala fortuna de que estiré mi pierna derecha para encontrar el bolsillo y chas.. un humano tropezó y trastabillo su enorme figura. Levanté la mano para evitar que cayera, pero el hombre retiró asqueado su brazo. Cuando se enderezó, se volvió hacia mi y me gritó un insulto habitual en mi mundo, yo para evitar ser golpeado con los pies, me protegí mi abollada cabeza para no sufrir más daño, entonces pasaron varios minutos y al no recibir golpes, retiré los brazos y pude contemplar la cara del joven mirándome fijamente. Le musité unos ruidos guturales a forma de disculpas, pero aquel hombre sin dudar un parisino por su aspecto exterior, incluyendo un foulard y unos calcetines morados, continuaba observándome. No quise incorporarme para que no pensara que yo me enfrentaba a él, así que solo giré un poco, estaba muy cansado de recibir golpes, patadas y empujones. Escuché que hablaba y que había doblado sus rodillas para acercarse, pero no conseguía entender lo que decía.
-¿Pascual... eres tú?
Ahora si reconocí esas palabras, el nombre que me era tan familiar por ser el mio. Volví la cabeza y le miré. No sabía quién era, bastante más joven que yo, pelo claro y ojos azules, pertenecía a la casta de los jóvenes limpios que pululaban por París y que nunca daban ni algún céntimo.
  • Soy Pascual ¿y usted?
  • Yo Thimoty, fui alumno suyo en el College de France hace unos años, ¿no me recuerda? Usted compartía clase con Michel Foucault. ¿Qué le ha pasado?
  • Nada, nada. Estoy bien y no necesito nada.
Ignoraba que era lo que me decía, ni de que me estaba hablando, yo no recordaba casi nada de donde procedía y que hacía en un mundo que hablaba un idioma desconocido. Aunque yo sabía pedir cosas de comer o unas monedas. Además ni siquiera quería saber quién era yo, y que hacia cada día, salvo sobrevivir. Pero este tipo pesado, continuaba preguntándome cosas y se empeñaba en llamar a las asistencias sociales para que se hiciera cargo de mi. Ante tan preocupante perspectiva me levanté y sujetándome los pantalones me lancé a caminar con pasos rápidos en dirección norte donde solía pasar las noches. Durante algunos momentos me siguió, pero como no se atrevía a tocarme, desistió y abandono la persecución. Lo último que le escuché era su nombre y dirección.
INDALESIO


lunes, 12 de junio de 2017

DIÁLOGO SIN PRISA





  • ¿Cuándo?
  • Lo previsto.
  • ¿Mucho o poco?
  • Lo justo.
  • Da una señal.
  • Yo soy la señal.
  • Una pista.
  • Está claro.
  • ¿Días, semanas, años…?
  • Tiempo.
  • ¿No puedes concretar?
  • No hay duda.
  • ¿Significa algo que te vea?
  • Es un dato.
  • ¿Se puede aplicar la ciencia?
  • Hay que empeñar la vida.
  • Está empeñada desde el nacimiento.
  • Yo no anuncio nacimientos.
  • ¿Hay prórroga?
  • No.
  • ¿Hay esperanza?
  • No.
  • ¿Hay final?
  • Yo soy el final.
  • Entonces ¿para qué te he visto?
  • Para conocerme.
  • Ya te conozco.
  • Solo de oídas.
  • ¡Márchate!
  • Si me marcho vendrás conmigo.
  • Entonces quédate.
  • Si me quedo dejarás de estar tranquilo.
  • Empiezo a conocerte.
  • Ese es el secreto.
  • Empiezo a quererte.
  • Esa es la paz.
  • Acabaremos siendo amigos.
  • Esa es la lucidez.
  • Agradezco tu premonición.
  • Ese es el camino.

CIRANO

viernes, 19 de mayo de 2017

EL REGAZO

                                             




Siempre tuve el deseo de estar protegido por el regazo de una mujer. Nací en el seno de una familia adaptada a tiempos modernos, de manera que nací en mi domicilio y atendida mi progenitora por una partera que también usaba maneras muy avanzadas. Cuando me enfrenté al mundo, pasé de las manos de la partera al pecho de mi madre, donde con sus cálidas manos sentí los primeros latidos de un corazón que me demostraba cariño. Después, y siguiendo los consejos de la matrona metió un pezón en mi boca, donde se derramaba un liquido dulce y templado.
Pasé por muchas manos, manos ásperas en ocasiones y otras suaves y acogedoras. Pero los regazos lo identificaba de inmediato, era mi madre que me acogía con dulzura y me apretaba sobre sus pechos. Recuerdo el olor y la tibieza de su piel, su voz templada que no alteraba mis frágiles oídos, hablándome con la suavidad que me producía placer.
Luego un largo periodo donde ningún regazo me acogía, quizás no era costumbre y las personas se reconocían frotándose las mejillas o tocándose las manos. A veces, cuando reconocía alguna persona que añoraba, intentaba abrazarla a la manera de estrechar su regazo, pero era rechazado con malas maneras por ser una costumbre atrevida. Y más atrevida aún cuando siendo un joven ya en edad de sexualidad despierta, intentaba estrechar mi cuerpo contra una amistad, eso se consideraba un atrevimiento de una persona degenerada.
Así que fui olvidando las agradables sensaciones de encontrarme acogido por un regazo y pase a engrosar las nóminas de los convencionalismos sociales, que se saludan golpeando la espalda o estrechando las manos sudorosas y la más de las veces ásperas.
Después me fui convirtiendo en un ser huraño, cuando ya la vida me había dado todo lo que deseaba, y los placeres se fueron apagando y desdibujando. Pero sintiéndome solo y ausente de las requerimientos de los demás, pensé que, quedándome ya poca vida quisiera elegir un regazo donde pasar los últimos momentos de mi estancia en la vida de por aquí.
Pero, como ya era lógico mi madre había desaparecido y no podía acogerme en su regazo. Miré lo más cercano y deduje que fuera mi familia. La madre de mis hijos, estaba más ocupada en hacer acogedora su vejez atendida por extraños, y ya le había atacado esa terrible enfermedad de los mayores, el tedio. Mis hijos razonaron entre risas, porque sus múltiples ocupaciones seguro que no le permitirían disponer de ese tiempo, y ya cuando se presentara la necesidad se buscaría alguna solución. En fin lo de siempre, excusas y miedos para enfrentarse a una muerte acompañado, que era lo único que yo deseaba.
Y cuando llegó, a saber ahora, estoy solo, me acompaña un terrible dolor en el pecho y nada de fuerzas para moverme y pedir una regazo donde morir. Así que con los últimos estertores de mis parcas fuerzas he escrito estas notas, no dejéis de elegir un regazo que os acoja en los últimos momentos de vuestra corta vida, seguro que será el último placer de lo que llamamos vida.


INDALESIO mayo 2013

lunes, 1 de mayo de 2017

LOS MAQUINALES




LOS MAQUINALES

Capítulo 1. Donde se da cuenta de los primeros datos que se tienen de los maquinales.

            Los que lo vieron descender con vaivén desganado, como un pétalo dejado llevar por el viento, no pensaron que aquella figura quimérica fuera un ser de otro mundo. Más que asombro o miedo, su presencia invocaba a la fatalidad, como le pasa al enfermo que subido a la mesa de quirófano espera el vacío de la anestesia. Al llegar al suelo, sostenido por una aparente ingravidez, inició el movimiento deslizándose sobre el órgano propulsor que tenía forma de rueda. Lo que más llamó la atención fue comprobar que el artilugio con el que se movía no era ninguna prótesis ajena a su cuerpo, es decir, no era un soporte artificial, sino que formaba parte integrada de su anatomía.
            Llevado, quizás, por la impresión de uno de los testigos que me contó la escena con muestras de seriedad, como trascendido por la visión que llegó a recordarme alguno de los pasajes de la Biblia en la que se recrean las apariciones con las que la divinidad distinguía a los patriarcas, influido, digo, por ese ambiente de ensoñación mística, he comenzado la recopilación de los hechos llamando la atención sobre este particular mecanismo, sin que ello quiera decir que el resto de su apariencia, actividad o pensamiento dejaran de ser reseñables por ser normales o semejantes a los de los humanos. Nada más lejos de la realidad. Hablo en primer lugar de la rueda, porque hay que empezar por alguna parte y no es mala opción, según el precepto aristotélico, hacerlo por lo fácil  para avanzar hacia la complejidad, queriendo decir con esto que la rueda en cuestión iba a ser lo más sencillo de aquellas difíciles criaturas.
CIRANO

PD. Este es el comienzo de una novela que imagina las aventuras de los Maquinales, resultado de la simbiosis entre hombre y máquina


sábado, 1 de abril de 2017

LOS AMANTES




Desde muy joven le había llamado la atención, quizás porque era alta y simpática, pero sé y pude comprobar que nunca llegaron a mantener una amistad consensuada y algo más sería. Ocasionalmente se veían o se hacían acompañar para alguna fiesta o sarao. La vida les llevó por caminos distintos y cada cual tomó los derroteros que deseaba o que se les presentaba. Ella fruto de un amor de verano emigró a las América embarazada, él fruto de su compromiso político emigró a Europa perseguido por la policía franquísta.
En los cuarenta años en que estuvieron distantes completaron su formación como profesionales, ella de abogada de causas perdidas y el como sanador quirúrgico de tripas y demás conductos abdominales.
Un prestigioso despacho de abogados asociados encumbró el prestigio de nuestra amiga llegando a dirigir el asesoramiento de muchos desgraciados países del cono latino americano, donde ganaron con sudor ajeno muchos miles de dolares. Él, cirujano general se alistó allí donde se planteaba algún conflicto contra el capitalismo y sus desgraciadas secuelas, no consiguió patrimonio alguno, pero rebusco en múltiples de barrigas de todas nacionalidades.
Cada uno y por motivos distintos, se encontraron cuarenta años después . Él con las secuelas de un Paludismo que le dejó graves lesiones abdominales que les recomendaban reposo y alimentación cuidada, y ella con una artropatía en ambas manos que le impedía su uso hasta para la más fácil de sus funciones.
Su primigenio encuentro fue en la entrada del edificio de Hacienda, donde ambos arreglaban documentación, ella para normalizar y condonar parte de su extenso patrimonio y él para solicitar una ayuda que le permitiera comer todos los días y tener una vivienda aseada. Se cruzaron las miradas y ambos se reconocieron aunque no dieron señales de aceptación, pero ella se giró y se le acercó. - ¿Tú eres Indalesio?
Ambos se reconocieron y mantuvieron una animada charla recordando viejos tiempos. Alabaron el buen estado de salud, a pesar de los deterioros del paso del tiempo. Decidieron volverse a ver con un buen y animoso optimismo, pero no intercambiaron teléfonos ni direcciones. Se besaron como despedida y acabó el encuentro.
Indalesio se lamentaba de la torpeza de no saber la dirección y ella de no recordar algún dato sobre donde habitaba. Hasta que Isabel contrató los servicios de una agencia de detectives, que le facilitó la dirección exacta de su habitáculo, y allí se presentó .
Se quedó sorprendida de las condiciones en que vivía Indalesio, era un cuarto pequeño de una casa, mucho desorden y bastante suciedad. El fue el más sorprendido pero no se avergonzó, con mucho desparpajo ordenó los trastos y ropa tirada, luego se cambio de ropa delante de la mujer y se mojó los pelos con las mismas manos. Ella mientras le daba conversación contando sus peripecias de su vida, y en resumen una hija que vivía en Suiza y un marido perdido en la city de New York. Indalesio le contó que seguía soltero y muchos tumbos por todo el mundo y las malditas fiebres palúdicas que combatía con cloroquina ya resistente. Después de esperar unos minutos para serenar los temblores con las pastillas, salieron de la casa y en la puerta se cogieron de la mano. Se miraron y rompieron a reír .

INDALESIO Septiembre 2016