miércoles, 23 de diciembre de 2015

CUATRO AÑOS







Uno de mis nietos tiene ahora cuatro años. Con esa edad, lo recuerdo muy bien, me partí un brazo en Lanjarón. Fue en casa de tita María y tito Cristóbal cuando intentando saltar sin apoyo la barandilla que separaba la terraza de la galerías tropecé con el borde. Ese día los inspectores de hacienda husmeaban las cuentas de la tienda de telas que tenía mi abuelo en un lateral del garaje. Allí guardaba una de sus varias pistolas que hubo que entregar a la guardia civil para que le taladraran el cañón cuando murió. Mi abuelo gestionaba lo que hoy sería una franquicia de pana y otras telas baratas para la Alpujarra de la red de Juan March que explotaba el monopolio a nivel nacional y que tenía más de estraperlo que de negocio legal.
Como estaban atendiendo o más bien sobornando a los inspectores y no me hicieron caso hasta que se fueron, me pasé el día lloriqueando con las muchachas hasta que se dieron cuenta de que la cosa iba en serio. Pesarosos tomaron el coche camino de Granada donde la radiografía determinó que se trataba de una fractura en tallo verde del radio a la altura del codo. La redujeron bajo anestesia de cloroformo, recuerdo la mascarilla que me durmió, y me colocaron un yeso. Por esa misma época ya me zurraban de lo lindo cuando me salía de madre que eran muchas veces.
Ahora puedo ir a la cárcel si le doy un cachete a mi nieto, que por otra parte es un primor y ni loco pienso hacer tal cosa, porque dicen que eso traumatiza a los niños. Nunca me traumatizaron los malos tratos y más bien pensaba que muchas de las fechorías quedaban impunes. En mis tiempos las reprimendas, las palizas y las lesiones que conlleva la vida salvaje estaban a la orden del día y considerábamos que esa era la servidumbre de la libertad.
Si arrastro algún estigma infantil desde luego que no es doloroso ni traumático: mi niñez fue tan irresponsable como atrevida. Tampoco he sentido el más mínimo rencor hacia mis padres por el abandono de aquel día y en general me considero más verdugo que víctima por los disgustos que les causé. Creo que ese trato me hizo madurar al enseñarme que mi vida era cosa mía y que de mariconadas, ni media.

CIRANO

lunes, 7 de diciembre de 2015

DAÑO FÍSICO





Supón amigo que te encuentras en la edad de la estulticia, esa edad de los doce a los catorce años. Voz que comienza a cambiar, con tono que oscila del falsete al grave, enorme curiosidad por saber de casi todo, aparición de atributos masculinos, pelos en las piernas y cara, y una inexplicable atracción por notar el sexo relleno y duro.
Los conocimientos son reducidos y se funciona por mimetismo, como mucho se producen enfrentamientos para defender alguna idea no sabida solo escuchada en algún corro de jóvenes imberbes. Y en cuanto al comportamiento que decir, se es el centro de todas las soflamas, regaños y requerimientos de la autoridad de la familia y académicas.
Una vez diseñado el perfil, consideramos como se comporta ante el daño físico. Vas en la bicicleta que le has mangado a tu hermano mayor, y henchido de autoridad sobre el control físico, derrapas en las curvas frenando con la trasera, haces el caballito al iniciar un ascenso, y sorteas piedras y restos de construcción en un llano próximo al domicilio. Cuando notas que sudas y respiras fuertes decides dejarlo por el momento, entonces abandonas la atención y chasss, una jodida piedra se cruza en el camino y dobla la rueda delantera, caes con gran violencia y apoyas la mano derecha en el fragmentado suelo, y entonces nota un chasquido y un fuerte dolor en la muñeca. Cuando te enderezas y sientas, ves con auténtico horror que la muñeca derecha está completamente deformada y semeja el dorso de un tenedor. No quieres gritar porque ya eres un proyecto de adulto, pero te duele tanto que sientes como perdida del conocimiento y que sudas con gran profusión. Te sujetas el antebrazo y dudas entre correr hacia tu casa o gritar pidiendo auxilio. Decides dirigirte hacia tu casa y abandonas la bicicleta, aunque no desea perderla. Completamente descompuesto llega a casa y toca el timbre con la frente, no se atreve a soltar el antebrazo, su madre grita al ver la deformidad del brazo de su hijo y organiza el traslado al Hospital. Lloras desconsoladamente porque te duele y porque estas asustado, sabes que solo estás en el inicio del asunto y que en los próximos dos meses no podrás hacer mucho y que el verano está liquidado. Antes de ir para el Hospital te cambias de pantalones porque tu madre se ha dado cuenta que te habías meado encima. Abochornado apoyas tu cabeza en el pecho de tu madre mientras te diriges en un Taxi hacia el Hospital, ahora dejas de jadear y llorar porque sientes el consuelo de tu madre.


INDALESIO Julio 2015

jueves, 19 de noviembre de 2015


DECADENCIA

Vuelven a dejarlos debajo de sus camas sin más protección que el silencio con el que los recibieron, sin más defensa que su fragilidad, sin más abrigo que el que guardan sus pensamientos. Compañeros de viaje para la vigilia cansina del último alivio del día, son la retaguardia de la esperanza. Están acostumbrados a los bostezos y a los abandonos sin protestar ni exigir. Se entregan confiados para ser cobijo del placer perecedero de cada día a sabiendas de que también los echarán de la cama como amantes de agotados encantos.

POR PRECAUCIÓN

Vuelven a dejarlos debajo de sus camas arrugados en posturas indecorosas. Durante la cabalgada gozosa han sentido el roce insistente de la gruta húmeda y la tirantez del esfuerzo redentor. Sin emitir queja alguna han hecho su trabajo defensivo evitando el contacto de millones de enemigos redundantes. En los últimos embates donde se juegan su prestigio aguzan el oído para escuchar el jadeo con el que llega la catarata espumosa tras la que saben que serán abandonados.

EL SUEÑO DE ORIENTE

Vuelven a dejarlos debajo de sus camas hechizados por la tenacidad del mordisco y la laboriosidad del hilado. Los vieron crecer desde que las cuentas guardadas hacía un año en la caja de zapatos empezaron a florecer. Ni un día dejaron de cambiar el lecho reseco por hoja fresca. Siguieron su engorde de morcillas blancas con cabeza ridícula espiando cómo se perdían entre telarañas hasta que renacieron como mariposas que se buscaban con torpeza. Ahora tras la larga observación que los hipnotiza los abandonan a sus trabajos desconociendo que algún día también ellos cambiarán sin saber cómo.

NO ESCARMIENTAN


Vuelven a dejarlos debajo de sus camas bien empaquetados envueltos en papel de periódico, sujetos por cintas para que encajen como sillares del muro maestro de las catedrales. No podían suponer que eso de las comisiones fuera tan sencillo y diera tanto. El único inconveniente fue que como no se fiaban el uno del otro tuvieron que dormir juntos para evitar tentaciones. Por eso cuando entró la policía de madrugada asumieron el regodeo de los guardias que no esperaban encontrar a dos concejales de su ayuntamiento de aquella manera.


CIRANO.     Relatos para la SER

miércoles, 28 de octubre de 2015

OSCURO DESTINO





Modesto fumaba con parsimonia y bastante aburrimiento en el despacho de la Agencia de Detectives “EL DESTINO” Hacia dos días que el teléfono no recibía llamadas, ni la puerta se abría para alguien extraño. Sabía que este negocio de hurgar en vida ajena, era así de caprichoso y sujeto a situaciones concretas, como era el ser fin de mes o las inquietudes que producían las entradas de estaciones como la primavera. Tampoco es que le inquietara en exceso, disponía de recursos suficientes para pagar los recibos domiciliados en el banco, y los céntimos necesarios para comer en la tasca que habitualmente frecuentaba. Siempre fue así y posiblemente seguiría siéndolo. Pero aquella tarde era distinta, aquella tarde sonó los cristales de la puerta de la Agencia aporreados por los nudillos de alguien decidido y firme. Le dio al botón de apertura y dejo el paso franco para un joven bien vestido que preguntó por el Detective Modesto Malcuar, bajo su brazo llevaba unos papeles embutidos en una funda de plástico. Apagó el cigarrillo y entorno la ventana que mantenía abierta por motivos higiénicos.
Se levantó y tendió la mano, con algo de desgana, al intruso. Sospechaba que sería una pregunta con truco o un consejo sobre amoríos, por la edad del joven. Le indicó se sentara e igualmente se sentó, cruzando los dedos de ambas manos le pregunto a que se debía su visita.
Cuando el joven que dijo llamarse Pascual, le contó que andaba buscando una persona que había cinco años que no veía, se tranquilizó, era los casos que más disfrutaba porque con algunas llamadas se podía arreglar todo. Claro que él chasco la lengua, dando ha entender la dificultad que entrañaba la búsqueda de personas. Le preguntó si esa persona deseaba ser encontrada, el joven sonrió y le dijo que lo ignoraba, pero él quería y necesitaba encontrarla. Los motivos eran solo de su incumbencia, según refirió. El Detective giró la cabeza y permaneció mirando por la ventana, refirió que si sus clientes no tenían confianza en su discreción y en su capacidad de gestión mal resultado se podría tener, además de alguna demanda por el derecho de privacidad. No le afectó mucho aquella amenaza, y solo le dijo que cuando terminaran daría más explicaciones. Que además no había nada ilegal y que solo quería tener un encuentro con aquella persona, que era una señora conocida en la ciudad y nada sospechosa de algo turbio.
Modesto Malcuar saco una ficha en cartulina y tomó los datos del cliente, le aseguró que se preservarían sus datos y que siempre estarían bajo su custodia en caja fuerte, y que pasados cinco años se destruiría, según recomienda las normativas legales. Le pidió los datos de la persona a encontrar y elementos útiles para su localización, pero Pascual no disponía de nada, salvo datos difusos. Mujer de pelo claro, alta de un metro setenta y cinco, podría tener unos cuarenta y dos años y de origen latino, hablaba con deje y acento Italiano, por ser oriunda de aquel país. Se dedicaba al diseño y confesión de alta costura en un taller que disponía en una población cercana y estaba casada con señor que desconocía sus ocupaciones, pero que manejaba bastante pasta y con coche de gran cilindrada. Vivían en una urbanización de esta ciudad, en una casa llamada “Villa Solemío” y es todo lo que le puedo contar porque ya no sabia nada más.
Bueno, ella se llama Mimí y el hombre Julí, eso es todo.
El detective se removió incomodo en su asiento, volvió a decir que si desconocía el interés y los porqués de la búsqueda sería mucho más difícil encontrarla. Después de mucho insistir reconoció que aquella mujer era su madre.
El detective Modesto Malcuar no encontró ni rastro del paradero actual de aquella mujer, y así se lo comunicó a su cliente el joven Pascual, que por cierto averiguo era hijo de una importante familia de la ciudad y que había estado los últimos años en la capital de Estado realizando los estudios de Medicina. Además el detective descubrió que la madre del joven Pascual era otra señora que aún permanecía viva y en buena disposición económica.
El joven después de recibir la información, le preguntó cuales eran los honorarios y le pidió la máxima discreción, algo que ofendió levemente al detective.
Después de hacer un recibo lo intercambió por un billete de quinientas pesetas así como un libro donde según manifestó explicaba todos los pormenores de la historia solicitada, se llamaba “SILENCIO TRISTE CASI INCÓMODO” . Nunca más supo de aquel ocasional cliente.


INDALESIO Agosto 2014



lunes, 5 de octubre de 2015

PEGOTE





Por los años cincuenta del pasado siglo patrullaba Lanjarón un municipal que renqueaba de la pierna izquierda al que llamaban Pegote. Apoyado en un bastón de nudos brillantes y cobijado bajo una sucia gorra de plato en la que lucía el águila de cobre que también decoraba el broche del correaje, defendía el patrimonio municipal de las travesuras de los niños con los que me juntaba. No se el peligro que podían traer los juegos infantiles por las naves abandonadas del antiguo edificio del balneario, pero a pesar de sus reiterados fracasos, este mutilado de guerra, nos perseguía como si fuéramos malhechores, o quizás peor, como rojos en potencia. Y todo porque una vez, si acaso, escondidos entre los árboles le gritamos: ¡Pegooooote de mieeeeerda! El caso es que también debería andar mal de la vista porque al rato lo saludábamos mientras echaba un cigarro con mi abuelo que era el alcalde del pueblo y al que respetaba con disciplina castrense. A lo más que se atrevía era a comentar a modo de halago ¡qué nietos más traviesos tiene usted! ¡Y que lo digas Pegote! contestaba el jefe al que le faltaba añadir ¡y a mucha honra!
Dado su poco garbo no servía ni para los mandados, aunque mi abuela le encargaba algunos recados: dile a Fulana que necesito habas tiernas o una lechuga. Pero casi siempre lo utilizaba para que avisara a Dolores la monja. La monja era una pobre mujer que desde que desertó del convento o la echaron por inútil se dedicaba a la costura. Mi abuela la tenía casi a diario enclaustrada en un cuarto con poca luz, colocada debajo de una ventana que daba al patinillo, donde estaba la máquina de coser y que siguió llamándose, hasta mucho después de que ambas murieran, el cuarto de la monja. Para enhebrar la aguja se subía las gafas a la frente, chupeteaba la punta del hilo, estiraba las manos para acomodar la vista e intentaba con poco éxito pasarlo por donde decía Jesucristo que era más difícil que entrara un rico que un camello de regadío. Si nos acercábamos en esos momentos difíciles solicitaba ayuda: ¡anda bonico tú que ves tan bien! A modo de compensación le pedíamos que dijera jamón, jamón, jamón muchas veces y en cuanto empezaba la retahíla la amonestábamos porque decía monja en vez de jamón y eso no valía. Volvía a intentarlo hasta que acudía mi abuela con el soplillo de la chimenea y aguantando la risa nos decía: ¡menudo jamón os voy a dar! ¡a volar tiricual! ¡dejar a Dolores tranquila!
La monja era una buena mujer, fea, sin gracia, tímida y pobre. Cuando salía de casa de mi abuela se iba a la Iglesia a rezar rosarios y letanías a coro con otras beatas que ayudaban al sacristán a limpiar y decorar el templo. Alguna vez nos colocamos detrás de ellas para adelantarnos al ¡ora pro nobis! con el irreverente ¡un automóvil! para escandalizarlas. No creo que se lo dijeran a Don Nicolás, el párroco que mantenía las formas con mi abuela poco amiga de iglesias.
Un día me enteré de que Pegote y la monja vivían juntos formando una de esas parejas de hecho que da la tierra, como los acebuches de los que los romanos consiguieron a base de injertos el olivo. Es posible que fueran hermanos, en cualquier caso una de tantas ruinas que dejó la innoble guerra civil.

CIRANO

sábado, 12 de septiembre de 2015

ABURRIMIENTO




Bostezaba constantemente y los ojos se le llenaban de lágrimas, estaba realmente aburrido. No trabajaba, no porque no quisiera, sino porque le habían despedido de la empresa donde había pasado quince años. Los motivos no los conocía, pero una mañana cuando llegó para fichar su tarjeta no estaba y le dijeron, que le mandarían el finiquito. Fue al sindicato y preguntó. Como no tenía ningún papel no pudieron hacer nada por él. Esperó, pero como no llegaba información alguna por correo, fue a la empresa y exigió papeles. Al fin pudo arreglar el asunto y lo jubilaron, tenia cincuenta y tres años y la pensión era muy exigua, quizás suficiente para Maruja y él. Pero Maruja se enfadó mucho, le decía que era un huevón por permitir que le despidieran. Tanto insistió, que se iba por la mañana a buscar trabajo, con tal de que no le abroncara.
Por supuesto no encontró trabajo y menos con su edad, pero Maruja dejó de gritarle y se acostumbraron a vivir con lo necesario. Cada mañana se levantaban, Maruja salía para sus negocios de ditera y él se sentaba en la sala con un vaso de agua. Al medio día ponía el cocido tres veces en semana, y sobre las dos y medía cuando llegaba Maruja comían cocido muy caliente. Se quedaba dormido después del almuerzo y luego se asomaba al balcón para ver la gente pasar.
Un día, Maruja le dijo que tenía que salir de la casa cuando ella saliera en la mañana, porque no lo quería ocioso todo el día, y que además debía buscar una solución para cuando fuera mayor y alguien le cuidara su vejez, porque ella no lo podía cuidar. Así que cada mañana Maruja le obligaba a salir y cerraba la puerta con llave. Con las manos en los bolsillos paseaba mirando para el suelo, hasta que se le ocurrió ir al Centro de Salud.
Se aprendió el horario y lugar de consulta de cada médico y cada día se ponía en la puerta del Centro para recibir cuantas consultas le hicieran los sufridos pacientes. Se hizo tan conocido en el barrio que muchos le llamaban al Centro de Salud, el Centro de Frasquíto el Huevón.
Una mañana no volvió aparecer y aunque muchos preguntaron a Maruja que había sido de su vida, nunca llego a decir los porqués de su ausencia.

INDALESIO    

sábado, 22 de agosto de 2015

DIÁLOGO SIN PRISA






 - ¿Cuándo?
 - Lo previsto.
 - ¿Mucho o poco? 
- Lo justo.
 - Da una señal.
 - Yo soy la señal.
 - Una pista.
 - Está claro.
 - ¿Días, semanas, años…?
 - Tiempo.
 - ¿No puedes concretar?
 - No hay duda.
 - ¿Significa algo que te vea?
 - Es un dato.
 - ¿Se puede aplicar la ciencia? 
- Hay que empeñar la vida.
 - Está empeñada desde el nacimiento.
 - Yo no anuncio nacimientos.
 - ¿Hay prórroga?
 - No. 
- ¿Hay esperanza?
 - No. 
- ¿Hay final?
 - Yo soy el final.
 - Entonces ¿para qué te he visto?
 - Para conocerme.
- Ya te conozco.
 - Solo de oídas.
 - ¡Márchate! 
- Si me marcho vendrás conmigo. 
- Entonces quédate.
 - Si me quedo dejarás de estar tranquilo.
 - Empiezo a conocerte.
 - Ese es el secreto. 
- Empiezo a quererte.
 - Esa es la paz.
 - Acabaremos siendo amigos.
 - Esa es la lucidez.
 - Agradezco tu premonición.
 - Ese es el camino.

CIRANO  Agosto 2015

viernes, 7 de agosto de 2015

DIFICULTADES DE COMPORTAMIENTO



Piter salio del centro de salud relativamente contento. Aunque le habían cambiado de médico en esta semana, su primera entrevista había sido muy satisfactoria.
Había recibido una llamada dos días antes, para comunicarle que su Psiquiátra le habían movilizado para entrar en las milicias y había sido evacuado para colaborar en la guerra. El doctor Monda le trataba desde hacia quince años y cuidaba que su medicación y dosis fuera la más adecuada posible, aunque realmente le hubiese gustado que le hubiese podido explicar porque tenía esos trastornos y cambios de humor tan reiteradamente.
Había leído hace años, que no se debe establecer relaciones afectivas con tu médico de la mente, porque podría alterar los resultados clínicos. Así que nunca habló con el doctor Monda, porque además le había comunicado que pertenecía a una comunidad científica que no daban ni comunicaban soluciones, solo escuchaban lo que le paciente quisiera decirle.
Solo cuando comenzó la medicación le advirtió, de como debía pautar las dosis y el tiempo que debería tomarla, para siempre. La medicación que necesitaba era las sales de litio y tenía algunos inconvenientes que ya descubriría en el trascurso del tiempo.
Por lo demás iba cada dos semanas y le colocaba en una silla muy dura, según le explicaron para que no se sintiera demasiado cómodo. Cuando sonaba un timbre, Piter hablaba durante diez minutos, con una única condición que cada día el tema fuera diferente. Mientras el doctor Monda colocaba sus piernas en un cajón abierto y leía lo que al parecer era una revista de fotografía, su pasión y divertimento.
Así llevaba los quince años de tratamiento, sin faltar un solo día, salvo en dos ocasiones que tubo que acudir como urgencia porque al parecer las sales de litio le produjeron una espermatorrea incoercible que preciso tratamiento especializado, aunque se cortó de forma natural y espontanea.
El nuevo doctor al parecer no pertenecía a la misma escuela del doctor Monda, y era partidario de establecer comunicación oral con los pacientes , le gustaban muy poco las sales de litio, por sus desagradables complicaciones. Le dijo que en la actualidad existían otras drogas mucho más eficaces para mantener el necesario silencio de los pacientes de trastornos del comportamiento, esas drogas producto de investigación europeo tenían menos efectos secundarios y mayor nivel de eficacia. Así que le pidió permiso para modificar la medicación, pero Piter no supo que hacer porque tenía abolido su capacidad de decisión, algo que también tenía relación con el litio. Pidió tiempo para poder decidir y se fue a la playa. Allí se quitó la ropa y se introdujo en el agua del mar. Media hora después le sacaban con los pulmones llenos de agua y su corazón parado, incomprensiblemente su polla estaba totalmente erecta, al parecer por los efectos del litio.


    INDALESIO Mayo 2015

sábado, 18 de julio de 2015

OLVIDO




Si me comportara como los demás no sabría reconocerme. Los detalles nos hacen como somos, nos dan forma. La identidad es tapada y desconocida. Por eso el silencio no amenaza. Ausencia es no estar, no tener, no saber. Es negación, abandono. Esta confesión la hizo Leopoldo hablando para si. Ignoraba que acababa de entrar y si lo supo se evadió como la historia que contaba.
Leopoldo era un compañero de colegio, tenía un hermano mayor que se llamaba Antonio y vivían por la Plaza de los Lobos. Era zurdo como Zarzo, el que me prestaba la bota derecha para jugar los partidos oficiales de la liga del colegio. Con esa bota me encargaba de tirar los penaltis. No porque fuera el mejor sino porque era el más seguro, el más decidido. Los tiraba siempre de la misma forma: de puntera apuntando a la escuadra izquierda del portero. Se veía que iba a ir por allí. No solo porque tomaba carrerilla en esa dirección, sino porque no sabía hacer otra cosa. A veces el portero se colocaba en ese lado, pero yo obligaba al árbitro a ponerlo en el centro de la portería inventando una regla que no existe. La seguridad con la que tergiversaba el reglamento en beneficio de mi equipo y en el mío propio operaba sobre la ignorancia, como suele pasar en la vida.
Hay una foto del equipo de Primero C donde aparece un niño que llegó a futbolista profesional y hasta jugó en primera. A pesar de que era bastante mejor que yo no le dejé nunca tirar un penalti y en eso me apoyaba el entrenador, el hermano Antonio. Un fraile delgado que se hurgaba por los bolsillos de la sotana cuando estaba con nosotros. Fue de los pocos que ni me castigó ni me pegó nunca. Todo lo contrario que el Talego, un cura cetrino y huraño que me dejaba castigado las tardes de primavera cuando el cuerpo pedía libertad.
Su ausencia no la añoro; no porque haga casi sesenta años que me expulsaron del colegio de los Maristas de Granada, sino porque me fui con la sensación de que no les debía nada. Lo mismo sentí al jubilarme de la Universidad y del Hospital: ningún vínculo sentimental, ninguna añoranza. En los dos sitios creo que he dado bastante más de lo que he recibido. Parecerse a ellos sería desconfiar de mi mismo. Por alguna esquina del recuerdo andan los niños del equipo y de travesuras; los frailes se han desvanecido, quizás quede el escozor de algún castigo. Nuestra mente es porosa para el olvido decía Borges.

CIRANO

domingo, 21 de junio de 2015

EL LAPSUS

                                             
Vivo de lo que escribo y según mi padre no lo hago del todo mal. No es que gané  dinero, pero tengo lo suficiente para permitirme algún capricho. Vivo por supuesto con mis padres, aunque parece raro porque tengo treinta y seis años, pero quieren que esté con ellos y que no me vaya de la casa, a mi no me importa, porque es muy cómodo.
Todo comenzó cuando tenía veinte años, mi padre esta empleado en una Imprenta y algunas veces le encargaban hacer de corrector y editor. Yo aunque fui a la escuela algunos años, decidí no volver porque los niños se metían conmigo, y no me dejaban en paz.
Bueno pues mi padre estaba enfadado porque no le gustaba trabajar los fines de semana y el jefe de la empresa le obligaba, aunque le pagaba horas extra. Así que un sábado me senté y le corregí un libro de más de trescientas páginas en dos horas. Se quedó sorprendido porque él que tiene mucha experiencia no consigue hacerlo en menos de cuatro horas. Entonces me preguntó que como lo había hecho, y yo le dije que no sabía, porque a un padre no se debe engañar y yo lo sabía.
 Mi padre me hizo otra prueba y como me dijo que lo hiciera rápido, y yo soy obediente, lo hice en menos de una hora. Padre llamó a  madre y le preguntó que quién me había enseñado a leer y escribir, ella no lo sabía y dijo que ella no.
Este libro, me dijo, de que trata y le conté todo lo que ponía. Entonces me pidió leyera otro libro, y leí. Solicitó lo hiciera en voz alta y entonces le dije,- no sé papá -. A ver como lees, me eligió una página y dijo, señala lo que lees, y le indiqué en oblicuo con una palabra de cada linea. Mi padre se alegró mucho, y llamó a madre, entonces le dijo, “el niño es muy bueno con las letras” y así quedó la cosa que yo era el niño de las letras. Desde entonces, mi padre me trae un libro cada día y lo corrijo, yo sé que eso se llama Editor y eso es lo que soy yo, un corrector y editor.
También mi padre me pidió escribiera, yo se todas las letras. Me puso un papel y lápiz y me dijo escribe sobre las mujeres. Yo no sabía que poner y como escribirlo, además ¿que sé yo de las mujeres? Mi padre dijo, eso es un lapsus. Yo le dije “quieres que escriba sobre lapsus” ¿Sabrás?, pues claro. Mira un lapsus es: Falta o equivocación cometida por descuido. Y te digo, hay dos lapsus, el cálami y el linguae, yo solo el que usted me diga que use.
Después me enseñó hacer narración, contándome una historia y que yo la repitiera a mis maneras. Y eso es lo que más me divierte, y desde que me enseñó solo hago eso, escribo narraciones. Mi padre lo envía al periódico a ese tan tan interesante que se llama El Garrotín firmado con el nombre de otra personas, pero estoy contento y feliz porque soy capaz de juntar letras para que otros ciudadanos se diviertan leyendo y sin necesidad de buscar incorrecciones ortográficas.

INDALESIO Abril 2015

jueves, 4 de junio de 2015

FERIA DEL LIBRO





Me lo crucé por la calle, no lo conocía o, mejor, él no me conocía a mí. Invadiendo su intimidad lo paré y le dije:
  • Perdone que lo interrumpa, solo quiero echarle un piropo que espero no le moleste.
El prócer me miró risueño y sorprendido.
  • Supongo que no tengo por qué molestarme.
  • Entonces permita que lo felicite por sus artículos. Si lo halagara con un requiebro clásico ¿se sentiría ofendido?
  • Más que ofendido me extrañaría porque no veo motivos.
  • Y haría usted bien, pero no se preocupe porque no lo pienso hacer. Era por criticar el ataque a la galantería que se ha puesto de moda.
  • Siempre que se mantengan las formas sin grosería ni ademanes de superioridad, la galantería la encuentro kitsch.
  • No lo entretengo más, mi intromisión se debe a que soy gran admirador suyo.
  • Muchas gracias. Adiós amigo.
La feria del libro depara estos encuentros. El artista, en este caso, es un vendedor sometido a las reglas del mercado que dictan que el cliente siempre tiene razón. Como él sabe a quien me refiero no tengo por qué dar más detalles.
CIRANO


lunes, 18 de mayo de 2015

MENTIRAS






No recuerdo cuando comencé a mentir, bueno en realidad era muy joven, más aún, era un niño pequeño. No recuerdo cual fue, quizás haciendo un esfuerzo, diría que gateaba por un callejón de la casa donde vivía y me introduje una colilla de cigarro, en la boca. Cuando mi madre me sorprendió, saqué la pava de mi boca y la tiré, mientras negaba con la cabeza y balbuceaba Ernesto, el nombre de mi hermano. Siendo tan pequeño no podía mentir, según mi madre, por lo cual el castigo lo recibió mi hermano. Me resultó simpático, solo tenía que modificar el sentido de los hechos y me libraba del regaño, que por cierto es lo que más odio. Si me pillan que me castiguen, pero regañar no por favor.
Bueno me fui acostumbrando a la mentira, y ha usarla con frecuencia. Por ejemplo, cuando inicié mi periplo estudiantil, después de párvulos, me inventé una familia que no tenía nada que ver con la mía, a veces exageraba tanto que tenía que corregirlo sobre la marcha porque eran auténticas locuras. Y las lanzaba incluso delante de los profesores y curas lectivos, que me miraban con sorpresa porque sacaba del mapa las posiciones terrenales de mi padre, algo que resultaba goloso para los ávidos curas.
Como consecuencia empecé a cuidar el refinamiento y la oportunidad de la mentira, eran hechos y secuencias que con dificultad se pudiera desmontar para no verme metido en mayores líos.
Después, en la época de las chicas, pasé de la mentira ostentosa a la exageración cuidadosa, me creé un currículum magnifico y muy atractivo, que ninguna chica se atrevería a rechazar, a pesar de lo cual no era muy famoso entre ellas, y tuve que agregar otras lindezas que sedujeran añadidos con mis virtudes. Según mis principales mentiras, había sido novio de cantidad de chicas con las que había intimado en demasía, pero con total privacidad.
Cuando fundé una familia, no tuve hijos, lo achaque a trastornos de mi mujer, aunque con toda certeza sabíamos que yo era impotente.
Pero no duró siempre, muy cercano a los setenta años descubrí que era una bajeza tanta mentira, ya que olvidaba hechos falsos, y cuando volvía a describirlos eran de otra catadura y forma y me llamaban la atención. Y en más de una ocasión me había hecho parecer un beocio.
Ahora, cercana ya la desaparición de mi persona he reflexionado sobre el uso de la mentira,tanto que me he quedado, no solo sorprendido sino expectante, ante la sarta de inexactitudes, por lo cual he decidido corregirla, aunque sea bastante tarde para modificar la mendacidad.
Me he asomado al mundo que viven los demás, para tomar referencias, y he quedado tan sorprendido de que esté extendido el uso de la falsedad , y tomé la determinación de mandar tomar viento fresco ese delicado puritanismo, porque lo que yo soy es un tipo legal usando la verdad, perdón mi verdad.

INDALESIO Marzo 2015

















domingo, 19 de abril de 2015

SER Y ESTAR





EL escritor se propuso escribir un cuento que interesara a todo el que lo leyera o lo escuchara. Un cuento que se entendiera en cualquier parte del mundo y que agradara a hombres y mujeres, a ricos y a pobres, a niños y a viejos, a creyentes y a ateos. Que se pudiera traducir sin dificultad. Que no exigiera esfuerzo ni escondiera mensajes. Después de pensarlo comenzó: en un principio un ser anterior al estar accionó el interruptor del tiempo, prendió el fuego, encendió la luz y arrancó el movimiento que animaba la vida. Luego se quitó de en medio y el mundo empezó a funcionar. El que quiera saber más que estudie y quien se conforme con esto que viva. Pero sepan todos que morirán sin comprender para qué han nacido. Nunca se sabrá el significado del dolor ni el sentido de la desigualdad.
Solo hay dos linajes en el mundo: tener y no tener, como recordó Sancho Panza. El libre albedrío abre puertas por donde escapa la justicia y entra la resignación. El escritor pensó que estaba complicando el relato, así que decidió terminar diciendo que el que mucho pregunta es porque mucho ignora y que el que lo desconoce todo no pregunta nada. Solo quiso aclarar una duda ¿qué procura más felicidad saber o no saber?
Sin proponérselo, el escritor planteó cuestiones mucho más importantes: ¿se puede ser sin estar? ¿se puede estar sin ser? ¿es Dios el que es pero que no está? Antes del tiempo ¿se era o se estaba? porque esa es la clave: lo que encendió el tiempo ¿era o estaba? La Academia se equivoca al establecer que ser y estar son equivalentes. Si se supone que para estar se tiene antes que ser y que, por lo tanto, ser es anterior a estar ¿qué parámetro o dimensión mide lo que va de ser a estar? ¿qué ocurrió mientras era ser y no estar? Si la materia densa es ser y el tiempo estar, en el Big-bang coincide ser con estar. De todas formas, se puede repetir la pregunta ¿qué procura más felicidad saber o no saber?

CIRANO

domingo, 5 de abril de 2015

PEQUEÑOS DESCUBRIMIENTOS

                              

Cuando salí del Hospital Americano de París me encontraba completo, ignoraba quién era y que hacia allí pero, estaba seguro de que recuperaría mis coordenadas. Hacia una noche fría y caía una suave y tenue lluvia, pero por el momento no tenia ni frio ni hambre. Me sentí libre de poder dirigirme a donde quisiera y al ritmo que quisiera, además no sentía extrañeza de no saber ni quién era, ni que hacia por aquellos andurriales. Metí la manos en los bolsillos, pero estaban vacíos, incluidos los de la chaqueta, porque se llama así, si se llama chaqueta, osea que voy recuperando el conocimiento, lo cual esta muy bien. Salí de unos jardines solitarios y me introduje en unas calles bulliciosas. Sentí algo de frio en los pies y me dí cuenta que eran unos zapatos poco apropiados para la lluvia, aunque mirándolo bien tampoco la chaqueta era gruesa para abrigar, osea que venía de algún lugar donde hacia poco frio, o era una estación tibia, no.. no se dice tibia, tienen que ser otro nombre, bueno pues la llamaré cálida, aunque ni idea de como se debe decir.
Ahora siento hambre, ¿Y qué es hambre? Pues... ruidos en el centro de la barriga, bueno eso esta bien, iré poniendo nombres a las cosas que ignore, y sabré manejarme. Me cruzo con muchas personas y parecen elegantes y con cara de diversión, si es eso, no veo personas feas, solo que van vestidas de forma distinta, llevan muchas cubiertas sobre su cuerpo y gorros en la cabeza, quizás vayan más confortables, bonita palabra, confortable.
Si estoy cansado ¿que hago?, me siento y ya está. Debe haber algo más, siento que cuando no hay luz nos ponemos cómodos, abrigados y dormimos. Pero yo donde busco un lugar para abrigarme y tenderme con comodidad. Ya, allí hay un dibujo luminoso que dice HOTEL y ese lugar creo, con bastante certeza, es para descansar. Pero después de sonreír y saludar con la mano a un señor con gorra plana en la cabeza, este se vuelve agresivo (vaya como mejora el vocabulario) y me empuja hacia la calle. Como tengo una cierta mudez, tengo dificultad para ser entendido, lo intento pero veo que por mi boca solo salen palabras aisladas y algunas letras que no significan nada. Me observo e intento hablar con un interlocutor imaginario, pero claro no me responde ni siquiera me dice si me entiende o no. Así que me acerco de nuevo al señor del Hotel que tiene gorra de plato, le digo algunas frases. En un principio me atiende, pero como no comprende, me empuja en un hombro y me señala en dirección al extremo de la rue ( por cierto, he averiguado que significa calle)
Me dirijo, ya algo incomodo, hacia ese extremo de la calle, aunque no se que busco ni hacia donde voy. Me saco la churra porque tengo sensación de evacuar algo de mi bajo vientre, ese algo es ganas de mear, instintivamente me arrimo a una pared y entonces alguien me grita ofendido porque tengo que mear. No entiendo nada, ¿es algo punible el vaciar la vejiga? Este país es bastante raro, aunque del que yo vengo también lo es. Pero yo ¿de donde vengo? ¿Cual es mi país? No tengo ni idea.
Ahora, que es lo que importa, tengo malas sensaciones, tiemblo porque tengo frio, me molestan los pies y quiero descansar. También mis barriga suena, quizás llame para algún encargo, o quizás para que la llene, cualquiera sabe. Llego a un agujero en la tierra, bueno no es un agujero es una escalera, tiene unas letras de colores que dicen Montmartre, bajo los escalones y antes de llegar al último aparece un hombre y me dice “alé” vuelvo ha subir y me alejo de ese agujero que debe ser el infierno porque hace calorcito.
Camino en dirección norte, ese sentido funciona bien, y me encuentro en unas escalinatas, mientras las contemplo, siento un golpe en la cabeza y me derrumbo.

INDALESIO      marzo 2015





sábado, 21 de marzo de 2015

EL DOCTOR BOVARY (De por aquí)





La primera vez que la vio, la niña lucía un vestido rosado con pliegues recogidos en la cintura que rompían sobre las rodillas dando vuelo al paso. Se figuró que era de seda por un enrejado de ganchillo que tapizaba el pecho, incipiente ya pero agazapado todavía por el pudor. Se fijó en los musculitos de las pantorrillas que se contraían, al presionar la punta del zapato en el suelo, cuando se erguía el pequeño tacón que acababa de estrenar. Le resultó alta, esbelta, de cara risueña y ojos grandes que rehuían la mirada con timidez. A pesar del revuelo que levantó su elegancia entre el grupo de adolescentes que se apostaban en la puerta de la iglesia, el conjunto que vestía quedaría anticuado en la ciudad, pero en el pueblo causó admiración. La vieja familia de los barones volvía después de muchos años para vender las últimas propiedades antes de instalarse en la capital. Se refugiaron en la casa de la abuela intentando rehacerse de la mala racha que había inaugurado la muerte del cabeza de familia. La madre, todavía joven y guapa, podría haber rehecho su vida por algún camino distinto a la abnegación y el luto, pero prefirió sacrificarse en lugar de vivir, acomodarse a lo establecido antes que sacar los pies del plato; lo que la hizo más débil de lo que era, rasgo que heredó la hija pequeña que resultó la más afectada por la pérdida del padre.
La volvió a ver en las clases y en los pasillos del hospital, pero esa coincidencia no fue fortuita. En el pueblo se había ofrecido a ayudar a la viuda en los trámites de la venta del inmueble y el traslado de los recuerdos. El único varón estudiaba fuera y la madre con cuatro hijas por casar se sentía incapaz de gestionar el papeleo que Carlos resolvió. En los despachos que mantuvo con ella pudo intercalar la solicitud de cortejar a la niña menor junto con el ofrecimiento de ayudarla en los estudios de enfermería. La coacción fue asumida por necesidad antes que por convicción, ya que madre e hija eran reacias a emparentar con aquel paisano de peor casa. Pero la seriedad que mostró, el servicio que ofrecía, la constancia y la pesadez hacían cada vez más inevitable las relaciones.
Cuando recibió la autorización para entrar en la casa convirtiéndose en novio formal de la pequeña, que todavía no había cumplido los diecisiete años, empezó a mostrar su verdadera cara. Prohibió los tacones, alargó las mangas, cerró el escote y le hizo bajar la mirada porque todo parpadeo era sospechoso. Era un pobre-buen hombre, celoso, trabajador y todo lo que tienen los mediocres que consiguen, a base de insistir, una mujer que los sobrepasa: alta, guapa y de mejor familia. Emma aceptó con fatalismo la represión que le enseñaban, interpretando la debilidad como muestra de cariño, por lo que se sometió sin queja a un parecer muy distinto al suyo. Hasta entonces le gustaba salir con las amigas, el coqueteo con los estudiantes y los bailes lentos de los guateques, pero desde que se comprometió con Carlos se le terminó la fiesta.
El modelo de hombre con el que soñaba estaba inspirado en el padre que la protegía, el maestro que la cuidaba y el amigo que le transmitía confianza. Su rápida enfermedad y su cruel ausencia la habían sumido en el desconcierto del que, desde luego, no la sacó el contrapunto de brutalidad soterrada en la que se convirtió la convivencia. Aprendió pronto que la tranquilidad valía el precio de la sumisión y la paz del hogar el acomodo a los gustos de su marido, pero como ella era tierna y agradecida no tuvo dificultad en enamorarse y entregarse sin reservas a las exigencias del hombre que resultaba ser bueno por las buenas y muy peligroso por las malas. Era de esos fanfarrones que amenazan con comerse crudo al que mire a su mujer en un bar, pero que lo único que se comen es la bilis cuando se revuelve a solas en casa frente a una mujer asustada.
Como estaba siempre ojo avizor notó algo raro el mismo día que Emma le fue infiel. La interrogó con violencia, la amenazó, la asustó y ella confeso una complicidad mínima con un compañero de trabajo. Durante la escena dejó claro que no iba a permitir de ninguna manera el divorcio ni nada parecido: si de algo estaba seguro es que antes se la llevaba por delante. Pero la reconciliación solo vino a confirmar que ella iba a seguir con sus amores y que él tendría que asumirlo. A pesar del cerco a la que la sometió y a las humillaciones que le hizo pasar tirándole los platos al suelo, gritando y castigando, supo, como se sabe que tiene uno que morir, que cada noche, cada acto de amor, cada gesto, cada caricia, la persona a la que amaba estaba en otra parte. Con esa realidad convivió treinta años, hasta que Emma tuvo la crisis de depresión.
Fue entonces cuando empezó a sentirse dueño de ella. La cuidó, la mimó, la protegió mientras estuvo en cama. Cuando se levantó, hizo algo que no había hecho nunca: ocuparse de las tareas domésticas, ir a la compra, poner la lavadora y prepararse su ropa. Inició una nueva vida desde la seguridad de que Emma le pertenecía: sentía por primera vez la superioridad que nunca pudo imponer por la fuerza y eso le hacía llorar de orgullo, crecido en el castigo como poetizaba Miguel Hernández:

Como el toro he nacido para el luto
y el dolor, como el toro estoy marcado
por un hierro infernal en el costado
y por varón en la ingle con un fruto.
Como el toro lo encuentra diminuto
todo mi corazón desmesurado,
y del rostro del beso enamorado,
como el toro a tu amor se lo disputo.
Como el toro me crezco en el castigo,
la lengua en corazón tengo bañada
y llevo al cuello un vendaval sonoro.
Como el toro te sigo y te persigo,
y dejas mi deseo en una espada,
como el toro burlado, como el toro.
CIRANO



lunes, 9 de marzo de 2015

ESCENA PRIMIGENIA. HOSPITAL AMERICANO DE PARÍS

                                       




Cuando desperté de mi ausencia, hice un esfuerzo o quizás me acompañó algún sortilegio y pude controlar el despertar, decidí valorar la situación antes de abrir los ojos. Dolor de cabeza es lo predominante, después un leve picor en la flexura del codo derecho, ambas muñecas sujetas por unas tiras que me impedían mover los brazos y una cincha muy fuerte que me aprisionaba el pecho. Mucho ruido al derredor pero nadie próximo. Entonces entreabrí los parpados, una intensa luz penetraba por la rendija permitida, la mantuve hasta que me habitué al resplandor, y ahora si, abrí los ojos totalmente. Estaba sobre una camilla dura, y algo se clavaba en mi espalda, lo del codo era una vía por donde pasaba liquido transparente, y lo del pecho era un peto con correas para que no me moviera. Giré levemente la cabeza e inspeccione la sala donde me encontraba, era grande y ocupada por personas con batas y pijamas azulones, así como un gran número de camillas y carros de ruedas con pacientes con gestos de dolor. Quise recordar que me había pasado, si era una accidente de tráfico o una caída de una altura, pero mi cabeza estaba vacía, nada ocupaba la zona de los recuerdos. ¿Nada? Pues ignoraba como me llamaba o quizás si cada uno tiene un nombre o una denominación, o alguna cosa que me sirviera para orientarme. ¿Orientarme? ¿Que es eso de orientarse?
Bueno, no debo alarmarme, pero no sé nada. Solo tengo algunos sentidos conectados, veo y sé lo que significa ver. Otros sentidos los tengo anulados, por ejemplo no consigo mantener el equilibrio porque la cincha en el pecho me lo impide, ¿pero eso es un sentido? Joder, ¿que soy yo?
Cerré lo ojos con rapidez, esperaré para que mi cabeza ordené los recuerdos y los conocimientos, a veces cuando has tenido un golpe en la cabeza se tiene una amnesia. Una amnesia, ¿y eso que es? Silencio, quiero silencio nada de usar la cabeza, dejemos que pase el tiempo.
Ha pasado tiempo, no se.... bueno, me preguntaré algo para saber si ya tengo reconstruida la memoria. ¿Quién soy? Nada, no se nada, ¿en que lugar estoy? Bueno, sé que esto es un lugar donde acuden personas con cara de dolor. ¿y yo tengo dolor? No se que es dolor. ¿Quizás una sensación? Si eso debe ser, una sensación, yo no la tengo, seguro no tengo una sensación. Entonces ¿que tengo?
Ocupado en estos menesteres estaba, cuando escuché un ruido ensordecedor, “Oiga, como se llama? Era algo mayor que una sensación, era muy molesto y me retumbaba dentro de la pelota que tenemos encima de los hombros. Después recibí un pellizco en la base del cuello y me hizo algo cercano al dolor, a eso es... ya se lo que es dolor. Un dedo potente tira de mi parpado superior y me lanza una luz intensa y muy molesta que me hace instintivamente cerrar los ojos, pero no me lo permite el jodido dedo que por el camino que va, me sacara el ojo. Lo suelta y vuelve a retorcer la piel y grasa del lateral de mi cuello, no puedo evitar el retorcerme de dolor. Estoy a punto de decirle que ya se que es dolor, que no insista, pero descubro que habla un idioma que no se identificar. Presto atención, pero no entiendo lo que habla, quizás alguna palabra aislada. Insiste en el parloteo y se que es un idioma que desconozco pero que no me es extraño. Tanto es así que gradualmente voy entendiendo lo que dice, aunque no totalmente, pero si entiendo que le pregunta por el resultado de los análisis y de las pruebas de imágenes. El que habla es un hombre de voz fuerte y segura y le acompaña una mujer de voz débil e insegura. Al parecer todas la pruebas son normales, yo me alegro y me pregunto ¿que me ha pasado?
La mujer repasa el historial clínico y se lo relata al hombre, me han encontrado en la calle convulsionando durante unos minutos, cuando llega la ambulancia las convulsiones se han acabado y solo queda la señal de la meada y estado de severa confusión. Me niego aceptar que esas cosas me hayan pasado, porque no padezco de nada y nunca las he sufrido, así que debe ser otra cosa. Pero atentó al dictamen del experto identifico que me dejan ingresado y que se me solicite un PEC porque con toda seguridad son los pródromos de un un tumor cerebral. Me contraigo ante semejante noticia y entonces escuchó que me liberen del peto del tórax para que este más tranquilo. La mujer dice que la he armado parda cuando llegué y que por ese motivo esta si de sujeto, el insiste que necesita saber el carácter de los episodios de agresividad y que me suelten. Pauta medicación y que me metan en un box para estar fuera de aquella locura de urgencia.
Cuando el hombre, que identifiqué como especialista, se fue, la mujer que identifiqué como residente comentó, que los especialistas son unos estúpidos y unos prepotentes. Me mueven y me liberan de las correas, me siento libre y cuando los ruidos están apagados, me incorporo y miro la situación en que me encuentro. Tengo ropa y mis zapatos junto a la camilla, me levanto y quito la aguja de la flexura del codo, después me visto y caminando con cuidado, salgo saludando por la puerta principal del Hospital Americano de París.


INDALESIO Febrero 2015      

sábado, 21 de febrero de 2015

EL RETORNO DEL GATO






Habría que echar mano a las hemerotecas para rescatar las crónicas que hacían referencia a la oscura y decisiva trayectoria del Gato durante la dictadura. Pero, como todo el mundo sabe, este personaje dejó de actuar hace tiempo. No lo hizo porque la policía lo tuviera acorralado, ya que el inepto cuerpo de policía política, a la que se conocía como los grises, nunca sospechó quién pudiera ser el allanador del honor de lo más granado del ejército, sino porque empezó a dar leña a destajo siguiendo el razonamiento de Herodes: si nos cargamos a todos, envuelto en el paquete irá el Gato. Así que dejó el trabajo de solidaridad por solidaridad hacia los inocentes. Porque solidaria fue su labor de humillar a los engreídos generales que tanta fanfarronería derrochaban linchando al pueblo inerme y que tanta impotencia mostraban asistiendo al espectáculo de ver a su esposas gozar (no sufrir el escarnio de) en cuerpo y alma las habilidades sexuales del Gato.
Retirado pues de sus escaladas se hizo clandestino dedicándose a escribir cuentos. Y como el hijo de la gata ratones mata, al cabo de los años apareció en escena otro funambulista que alegró las noches de algunas próceres mientras amargaba la vida de sus esposos. Al discípulo le fue más fácil que al maestro acceder a las mansiones de los magnates de ahora, protegidas por compañías que se fiaban de alarmas tan fáciles de desmontar como las tripas de las muñecas de antes.
Para empezar entró una noche en un dormitorio de Majadahonda donde descansaba una pareja ejemplar: política ella y empresario él; esbelta la hembra, pastoso el macho, el cual, amordazado con facilidad derritió seis kilos del panículo que le sobraba viendo los virajes que ejecutaba su Lola ante las maniobras del nuevo Gato. Como no había niños cerca ni vecinos que acudieran, el equilibrista no se tomó la molestia de taparle la boca a la chulapa, ni durante el calentamiento, ni mucho menos cuando el grito es un aliciente más de la fiesta.
Lo que más le dolió al marido es que su mujer se presentara en una rueda de prensa el día siguiente como si tal cosa y dijera que todo iba bien, que no había motivos para meter a nadie en la cárcel y que se dejaran correr, eso correr, los acontecimientos. Dicho todo en ese tono de chufla que utilizaba en su trato con los periodistas, como si todavía le hirviera la entrepierna por las acometidas del felino.

CIRANO

viernes, 30 de enero de 2015

PRIMER VIAJE. LA HUIDA




Era evidente que el único recurso que disponía era, salir de mi ciudad antes de que me metieran en chirona por motivos políticos. Presumo de tener buenos amigos y en realidad así fue y sigue siendo. Ante mi falta de valor, los amigos esos que siempre están cerca, me prepararon en cuestión de horas y me dieron el antídoto contra las crisis de pánico a lo desconocido, grandes dosis de aguardiente y coñac.
Con una maletilla de cartón, algunos duros en el bolsillo y una libreta con varias direcciones, me sentaron en el avión gracias a la coordinación de ellos y la tolerancia del personal del avión, con dirección al lugar elegido, París. Sinceramente no recuerdo nada de nada, estaba completamente borracho y semiinconsciente, por lo cual la parte que sigue fue contada con posterioridad por una azafata a uno de mis amigos, Fernando, único responsable de la veracidad de estos hechos.
Me habían sentado en la última fila de asientos para mejor control por parte del personal de vuelo, y mientras acomodaban al resto de los pasajeros estuve de lo más discreto y prudente, en especial porque estaba dormido o inconsciente por el alcohol. Pero en cuanto el avión cogió pista y se inclinó para ascender comencé a roncar como un despavorido y autentico poseso. Siempre he roncado quizás por un defecto de mi laringe que poseía una enorme glotis capricho de la genética y que algunos especialistas estaban dispuestos a cortarla total o parcialmente. El personal de vuelo chascaban la lengua o me tocaban en el hombro, pero poco conseguían porque me movía un poco y continuaba los severos estertores. Tanto era el ruido que producía mi garganta que acudió el capitán para interesarse por aquel hecho patológico y tan poco usual. Decidieron en conciliabulo despertar al culpable de aquellas algarabías tan molestas, pero no fue fácil que el capitán encontrara voluntarios, así que se hizo por antigüedad en la empresa. La azafata comenzó con discreción a tocar el hombro, para pasar después de unos minutos inútiles a zarandeo franco de mi espeso y grandullón cuerpo. El resultado conseguido no fue el deseado, porque despertó la fiera que llevo dentro y organicé un gran escándalo, consistente en gritos pidiendo ayuda, peleas con lo cinturones que quería arrancar para saltar del avión, y una profusa, espesa y apestosa vomitera que iluminó a todas las diez últimas filas con el dicho contenido alcohólico.
Debió ser un viaje de lo más divertido, porque la azafata amiga de Fernando aún se acuerda con horror de todo lo acontecido y de que el capitán decidió tomar tierra en la capital del reino, aunque ante la imposibilidad de limpiar el apestoso vómito debió sentir fatiga y se encerró en la cabina. Además consiguieron tranquilizarme con un pinchazo de Valium intramuscular, y así sujetarme con varias correas al asiento asignado para mi tortuoso viaje. Antes de llegar a París, se escuchó por la megafonía el aviso del capitán de que por motivos meteorológicos el vuelo terminaría en Bruselas, yo por supuesto no me enteré porque dormía o estaba inconsciente, pero cuando llegamos permanecí sentado y dormido mientras todos los pasajeros bajaban y me miraban con, según me dijeron, desprecio y asco. Después gradualmente me fueron quitando las correas y apareció una persona tranquila con un severo dolor de cabeza pero de lo más equilibrado y pacifico del mundo. Así que decidieron no denunciarme a los policías y permitirme bajar del avión, con el aspecto de un pordiosero apestoso y bastante confundido. Cuando me enteré de que estaba en Bruselas y no en París, estuve a punto de caer de culo lleno de desesperación y lastima de mi. Pero como la suerte no me había abandonado, me subí a un autobús con destino a París y fletado por la compañía aérea. Tres horas después me bajaba en mi deseada ciudad de París.
INDALESIO





viernes, 9 de enero de 2015

PRIMER PASEO




Ignoro como llegue a la escalinata inacabable de la Catedral Blanca, pero estaba en una esquina del primer tramo apoyado sobre un mogote duro y sucio. Tardé unos minutos en reconocer el lugar y más por motivo de la Catedral Blanca que por otro accidente geográfico. Quise saber que hacia allí, pero si recordaba que hace un tiempo poco determinado había decidido no preguntarme tantos porqués, y vivir el hecho presente. Hilaba poco algún hecho que recordaba, con encontrarme en la capital más deseada por mis inquietudes, como era París.
Tenía un severo dolor de cabeza y de los huesos que forman mi espalda. Enderecé el tronco y sonó un crujido poco audible pero si sentido. Estaba completamente helado, con las manos moradas y las articulaciones entumecidas. Cuando incorporé la cabezota, volvió a sonar las vertebras cervicales, dolía con bastante intensidad. Sacudí con la mano, los manchados pantalones, que era lo que alcanzaba mi vista, pero pensé que se me caían los dedos. Unos pedruscos clavados en mis glúteos me incomodaban y los evité girando el cuerpo, aunque eran otros nuevos los que se clavaban. Al enderezarme me incliné hacia delante y sujeté mi cabeza con ambas manos. Entonces escuché un tintineo compatible con unas monedas al caer en un recipiente. Busqué y vi un jarillo de lata justo delante y algunas monedas en su interior. Cuando fui a cogerlos, más por curiosidad que por interés, apareció una mano negra y arrastró el jarillo y su contenido. Levanté la cabeza y me encontré una enorme negrota mascullando unas palabras que desconocía su significado. Solo vi que vació el contenido, lo introdujo en su bolsillo y el jarillo lo paso al bolsillo de su raída y sucia chaqueta. No estaba en condiciones de discutir, así que pasé a una realidad más concreta.
Muy despacio giré la cabeza hacia la derecha, vi muchas personas con cámaras de foto y cubiertos con plásticos de colores muy intensos. Algo más a la derecha se veían los escalones amplios que ascendía quizás para un lugar de culto, porque podía apreciar una construcción blanca y bastante voluminosa que no podía identificar con exactitud. Después giré a la izquierda, y era una rampa en semicírculo por donde circulaban muchas criaturas, aunque con el estorbo de una ingente cantidad de hombres y mujeres de color, que llevaban en sus manos y unos hilos finos de colores que enlazaban en las muñecas para fabricar una pulseras al parecer de buena suerte, porque no eran especialmente bonitas.
Algo más entonado, noté que me continuaba doliendo el culo y era con evidencia que estaba sentado sobre piedras a forma de tochos o adoquines. Intenté incorporarme, pero no era fácil, carecía de fuerzas, así que giré en un sentido y en otro, después tomé impulso y sobre el lado izquierdo me pude incorporar de forma inestable. En especial, el incorporarme del todo fue una laboriosa tarea que me llevó largos minutos. A mi alrededor algunas personas observándome, pero a una cierta distancia. Me apoye en la barandilla y fui tomando contacto con la posición bípeda, fue entonces cuando pude contemplarme. Llevaba un solo zapato, el otro lo cubría un calcetín perforado a nivel del dedo gordo. Los pantalones de franela con enorme chorreones a nivel de la portañica y pernera derecha, estaba medio descuadrado porque andaba sujeto con una correa de cuero bastante deteriorada. Una chaqueta de twit absolutamente desgarrada por los bolsillos y con manchas de múltiples colores y tonalidades. Miré en bolsillos y repliegues y nada encontré, algún resto de papel útil en el bolsillo posterior del pantalón. Cuando terminé la inspección estaba algo mejor, pero continuaba aterido y con un temblor intenso. Me moví y dí unos pasos, fue entonces cuando pude contemplar el blanco marmóreo del SACRÉ COEUR. Las únicas palabras que pude mascullar fue, AHJ ...AHJ
INDALESIO  Dic. 2014