lunes, 21 de mayo de 2018

TERTULIA DE LOS MERE





Hacia años que conocíamos a Indalesio, es un buen muchacho con mayor interés que inteligencia, y cuya mayor característica era el entusiasmo que manifestaba ante cualquier propuesta. Le llamé por indicación del psiquiatra que lo había encontrado y aceptó unirse al desenfrenado grupo que llamábamos MERE, médicos republicanos, jubilados con inquietudes de izquierda. Como esperábamos, inmediatamente se prestó a la próxima comida coloquio, la celebrábamos el siguiente viernes después del 14 de cada mes, lo cual me liberaba del castigo de avisar a cada uno de los contertulio. Hasta ese momento se habían celebrado tres reuniones, con esperanzas de llegar algún acuerdo pero sin resultados aparentes. Queríamos o al menos deseábamos encontrar una plataforma para poder manifestar sin reparo nuestra inquietudes sociales, filosóficas y políticas, pero sin realizar ningún compromiso, quizás solo la laicidad y la soberanía, elementos indispensables en los criterios republicanos. Eso sería nuestros deseos, pero quedo en nada, nadie sintió el más mínimo interés en los compromisos colectivos, y quedó como las reuniones de un grupo de amigos que solo nos unía el oficio de sanador.
Indalesio se integró rápidamente, además era amigo o conocido de casi todos y usaba la ironía con mucha facilidad y oportunidad, su pasión más relevante era la literatura y en alguna ocasión nos martirizaba con sus cantinelas de ficción literaria.
En alguna ocasión invitábamos a personaje relevante para que nos hablara de su especialidad y sin ser una conferencia nos daban algunas informaciones de interés y su posterior coloquio. La ocasión que quiero remarcar ocurrió hace tres meses, a propuesta de Indalesio. Llamé al conocido novelista Gustavo Sinsabores que acababa de publicar una pésimo relato en una editorial local y que no había tenido la acogida esperada, pero según Indalesio tenia una escritura fácil y llana con gran porvenir y futuro.
A mi personalmente me gustaba poco porque ya hace años lo condené por un pésimo relato pretencioso y con una estructura literaria muy débil y ya conocida, pero como no teníamos a nadie en espera decidí que adelante, como así fue.
Hacia un precioso día y fuimos como habitualmente hacemos al Pimpi, cuando llegó nuestro invitado hicimos las habituales presentaciones y yo hice unas palabras de salutación y bienvenida. Antes de terminar ya pude apreciar cierta inquietud en nuestro invitado Gustavo, miraba fijamente a Indalesio y se retorcía los dedos de la mano derecha en el hueco de la mano izquierda. Cuando terminé, Indalesio habló con rigor de lingüista resentido, criticando levemente su novela. Miré al novelista y le ví desencajado y muy inquieto hasta el punto que se levantó y se abalanzó con un cuchillo en la mano hacia Indalesio, atravesándole el brazo derecho de atrás hacia adelante, un fino chorro de sangre nos salpicó a todos. Por fortuna en el Hospital le cosieron sin encontrarle lesión importante. El novelista estuvo en comisaría durante tres horas hasta que el juez dictaminó su ingreso en el pabellón de agudos del Hospital. Nunca supimos el porqué de este comportamiento y esta agresión, el caso fue que se disolvió el grupo de los Mere.
Llamé a Indalesio para decir que se acabó y de camino preguntarle por su salud, me respondió afectuosamente como siempre y me contó que tenia un problema, porque su brazo agredido se había quedado paralizado, en el hospital no se habían apercibido que la puñalada le había seccionado el nervio y que ahora tenía problemas para poder repararlo .
Así que su brazo derecho lo tenía inútil y no podía escribir, y que su agresor padecía un síndrome psicótico del que saldría después de una larga temporada, aunque él no lo había denunciado, bastante pena y carga tenía ya. Los porqués nunca lo sabremos, aunque sospechaba que era debido a unos celos literarios. Hace años que no lo he vuelto a ver.
    INDALESIO   24/02/2016