Quise ser un
niño común y corriente, pero siempre estaba en el eje de las tormentas. Miraba
con admiración esos niños que se ríen y que juegan con signos evidentes de
alegría, les envidiaba. Quise emularlos e intenté reír con fuerza, pero solo
salió un remedo de sonrisa, por más que lo intentaba no conseguía darle
naturalidad y alegría a mis actos. Cuando salía del colegio veía a los demás
compañeros, sujetos por los hombros, gritarse entre risotadas, palabras alegres y divertidas. Yo decidí que
tenía que cambiar, que debía parecerme a los demás, y emulé su comportamiento,
pero se veía que yo simulaba y que mis gritos y risas no eran ni parecida a la de los demás, así
que antes de que me desplazaran me aparté yo.
Todo aquello no
pasaba desapercibido a los curas que vigilaban nuestras vidas, y un día me
citaron para hablar conmigo. Me dijeron que no les dijera nada a mis padres,
que después ya tendríamos tiempo. Obedecí
Me recibió un
cura joven y muy fuerte, me ordenó sentarme y me puso el brazo por encima de
mis hombros. Acercó su cara y me bisbiseo unas palabras que parecían las
propias de un confesionario, me separé prudentemente para manifestar mi rechazo
a ese tipos de cosas, pero continuo como si tal cosa, me habló de lo cercano
que deberíamos estar los unos con los
otros, como ayudarnos y como conseguir alegrar nuestros corazones. Un cura mas
talludo y con aspecto de dominio de situaciones entró, me saludo y se sentó a
distancia detrás de una mesa. Me dijo que estaban muy preocupados conmigo, mis
malas calificaciones, ni retraso en aprender me estaban llevando al aislamiento
personal y eso para un joven como yo era muy preocupante. Queremos ofrecer a
tus padres la posibilidad de que entres en la casa que tenemos para preparar
jóvenes con la categoría de Hermano, ya que por tus bajas capacidades será la
mejor que aspires a ser Hermano y te prepares para un desarrollo personal y
profesional de nivel adecuado. Podrás ayudar a tus superiores en todo aquello
que te lo soliciten y ellos serán la guía espiritual y mundana que con toda
seguridad necesites.
Nada dije, solo
le pregunte que cuando hablarían con mis padres, ellos me pidieron que
mantuviera silencio sobre lo que tendríamos que continuar hablando. De momento
mi director espiritual sería el padre Jordan aquí presente, cualquier cosa que
deseara o necesitaras saber, le preguntas a él.
Como no podría
ser menos, aquella misma noche hablé con mis padres y le conté, armándome de
valor, todo lo que me había sucedido y mis preocupaciones, cuando terminé me
mandaron a la cama. El día siguiente me despertó mi madre y me vistió de
fiesta, me llevaban al médico, callé y colaboré. Después de muchas pruebas
psicotécnicas, físicas e intelectuales llegaron a una conclusión, padecía una
soberana y alarmante sordera, causa de mi falta de atención y de mi atraso
secular. Salí del gabinete con un aparato acoplado a mis orejas, resultaba que
el mundo era distinto, tenía sonido y ese sonido entraba en mi cerebro como por
una autopista. Comencé a comprender
cosas, me pude relacionar con mis semejantes, hice amigos con los que compartí
alegría y secretos, y mi vida dio un cambio que
me hizo acercarme a la normalidad
y en especial disfrute con el conocimiento.
INDALESIO Marzo
2014
Qué cosas te pasan querido indalesio. Bueno miremos el lado optimista de la situación: tu virginidad permaneció indemne durante la emboscada frailuna,,,,lo cual, con los tiempos que corrían y corren no es nada baladí.
ResponderEliminarPues si, sali con parabienes de aquella situación. Aunque como bien sabes Fierabrás los relatos son casi siempre fantasias y su interes es solo una llamada de atención. Después con el tiempo esa virginidad te la hacen perder y te conviertes en un currinche de poca útilidad que no funcionas ni con dos sonotones. Gracias amigo
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